Hubo un día que Francisca casi se desmaya. No por el cáncer de útero, contra el que ha tenido que luchar los últimos diez años, ni tampoco por la depresión que padece a raíz de la propia enfermedad. A sus 62 años, esta antigua enfermera de urgencias, quien hoy vive gracias a la pensión asignada tras tener reconocida una discapacidad del 65%, fue víctima de una estafa. Pero no de una cualquiera: la espiral de engaños a la que estuvo sometida, culminada con la venta de su casa en nuda propiedad sin ella saberlo, la devolvió al lugar de las sombras del que había empezado a salir. Aunque mejor vayamos al principio. Sin hijos ni familia cercana, Francisca vive con... Ver Más