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Por qué esta vez el diálogo entre oposición y Gobierno en Venezuela sí puede funcionar tras décadas de fracasos

elDiario.es · hace 8 días
La segunda ronda entre el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y la Asamblea Nacional opositora de 2015 arranca el 15 de septiembre con más optimismo del habitual entre los analistas y participantes pese a que la democracia no está entre las prioridades de EEUU, que solo busca estabilidad en un país del que sacará mucho petróleo“El mejor acuerdo de la historia” (para EEUU): qué pierde Venezuela con el nuevo reparto petrolero a la medida de Trump

La delegación de la oposición venezolana regresa a Caracas este martes 15 de septiembre para abrir la segunda ronda de negociaciones con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez. Jorge Millán, diputado opositor, cuenta que este es el octavo proceso formal en busca de una salida democrática para Venezuela. Los siete anteriores fracasaron. Millán cree que este no correrá la misma suerte, y esa confianza, con matices, la comparten hasta los analistas más escépticos.

Washington impulsó la mesa en agosto, siete meses después de la captura de Nicolás Maduro por una operación militar estadounidense. A un lado se sienta el Gobierno interino, con Jorge Rodríguez al frente; al otro, la Asamblea Nacional elegida en 2015, el último Parlamento con mayoría opositora, encabezada por Dinorah Figuera. Los ganadores de las elecciones de julio de 2024 no están. La primera ronda (Caracas, 6-12 de agosto) terminó con dos acuerdos: renovar por completo el Tribunal Supremo, cuyos magistrados responden al chavismo, y recuperar el oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra para atender la emergencia de los terremotos (24 de junio).

Ahora las partes evaluarán los avances de la reforma de la ley del Tribunal Supremo y abrirán el capítulo de las garantías políticas: las inhabilitaciones que impiden a dirigentes opositores presentarse a elecciones y la judicialización de los partidos, la entrega por orden judicial de sus siglas y sus tarjetas electorales a directivas afines al Gobierno. Discutirán también la derogación de leyes como la Ley contra el Odio o la que controla a las ONG. Millán explica que cada ciclo dura una semana y va seguido de una fase de implementación. Más allá de eso, los detalles son escasos: las conversaciones son privadas y los negociadores solo hablan en términos generales.

Pero el diputado da por hecho que esta vez sí funcionará. “Estamos optimistas con este proceso porque las cosas cambiaron después del 3 de enero. Está claro que no fue cualquier cosa: un presidente de facto fue apresado y hoy está ante la justicia norteamericana. Esa circunstancia redefinió la situación política venezolana. Creemos que el apoyo de Estados Unidos al proceso de diálogo es una garantía en sí misma para que tenga éxito”, dice a elDiario.es. Jesús Seguías, presidente de la encuestadora Datincorp, lo explica con menos entusiasmo. Los procesos anteriores fracasaron, sostiene, porque no había un garante con poder vinculante. Estados Unidos, que describe las conversaciones como facilitadas por Washington, tiene una capacidad de presión sobre las dos partes que ninguno de los mediadores anteriores tuvo.

La lista es larga. La OEA y el Centro Carter acompañaron una mesa tras el golpe de 2002; Unasur y el Vaticano mediaron en 2014; en 2016, un delegado del papa Francisco y los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos. Zapatero siguió en Santo Domingo (2017-2018), donde las conversaciones se rompieron por las condiciones electorales. Noruega facilitó las rondas de Oslo y Barbados (2019) y las de México (desde 2021), que desembocaron en el Acuerdo de Barbados de 2023 sobre las elecciones de 2024, que el Gobierno se adjudicó sin publicar las actas. Ninguno de esos mediadores tenía intereses propios en Venezuela ni podía obligar a cumplir lo firmado.
El negocio antes que la democracia
Los dos entrevistados coinciden en que la Casa Blanca antepone sus propios intereses —la estabilidad, la seguridad energética, sus objetivos geopolíticos— a la democracia venezolana. Marco Rubio lo dijo ante el Senado el 28 de enero: el objetivo final es «una Venezuela amistosa, estable, próspera y democrática». El orden de los adjetivos no parece casual. Según explicó Seguías a elDiario.es: “Trump y Rubio no tienen preferencias personales entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado; ninguna satisface del todo a Washington, que quiere un país estable, con instituciones que funcionen y que produzca petróleo”.

La prueba más concreta de ese interés es el acuerdo anunciado por Trump este 28 de agosto, que da a Estados Unidos el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas, en plena guerra con Irán y a dos meses de las elecciones legislativas estadounidenses. Detrás del acuerdo, según Seguías, está el pulso con China, que a su juicio es existencial para Estados Unidos, porque China controla el 70% de las tierras raras y Venezuela tiene las mayores reservas de pe
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