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¿Es la autoconstrucción una alternativa para la crisis de vivienda? “No basta con comprar un terreno y poner una casa”

elDiario.es · hace 12 días
El atractivo de la autopromoción o de las casas prefabricadas es el ahorro que promete frente a un piso tradicional, pero los expertos advierten: al precio hay que sumar el tiempo y los quebraderos de cabeza
Las hipotecas para vivienda se disparan un 10% en un junio de récord desde 2010

La idea parece sencilla. Encontrar un terreno, elegir una casa que encaje en el presupuesto y levantarla a medida, lejos de los precios de la vivienda terminada. Para una generación que encuentra cada vez más difícil comprar, la posibilidad de convertirse en su propio promotor inmobiliario tiene un atractivo evidente: decidir cómo será la vivienda, cuánto se ajustará a las necesidades de quienes la habitan y, sobre el papel, ahorrar parte de los costes.

El problema es todo lo que ocurre entre encontrar la parcela y entrar a vivir. Hay que comprobar qué se puede construir en el terreno, conseguir un proyecto, obtener las licencias, resolver las conexiones a las redes públicas, financiar una obra que puede prolongarse durante años y coordinar a distintos profesionales. Y las viviendas que se anuncian como móviles, modulares o prefabricadas tampoco quedan al margen de las normas urbanísticas cuando se destinan a residencia.

Aun así, el interés existe. El IV Observatorio sobre Vivienda y Sostenibilidad de Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI), entidad especializada en préstamos hipotecarios, señala que un 42% de los españoles se ha planteado construir su propia vivienda. Un 33% lo ha considerado como una opción y un 8,5% asegura habérselo planteado seriamente. Otro 12,8% ni siquiera conocía esta posibilidad.

Entre los jóvenes, el porcentaje aumenta: el 52% de las personas de entre 25 y 34 años ha pensado en esta vía, frente al 46% de quienes tienen entre 35 y 44 años. También hay diferencias territoriales: el 48% de quienes viven en pueblos o entornos rurales se lo ha planteado, frente a alrededor del 40% de quienes residen en ciudades o sus extrarradios.

La fotografía es la de una alternativa que despierta interés, pero que todavía está lejos de convertirse en una solución masiva. Y buena parte de la distancia entre una cosa y otra aparece después de pronunciar la frase: “Me voy a construir una casa”.
Construir una casa no significa levantarla con las propias manos
'Autoconstrucción' puede ser un término engañoso. En España, explica Débora Notenson, socia de Kloster & Notenson, es más preciso hablar de “autopromoción”. La diferencia es importante. Una persona puede promover su propia vivienda y contratar a los profesionales encargados de diseñarla, supervisarla y ejecutarla. También puede asumir directamente algunas tareas. Lo que no desaparece son las exigencias técnicas y administrativas.

“Es muy arriesgado intentar construir sin tener los conocimientos”, advierte Notenson. Los problemas pueden afectar a la habitabilidad y la seguridad de la vivienda, pero también tener consecuencias legales. El desconocimiento es, de hecho, una de las principales barreras. Solo cerca del 6% de los españoles asegura conocer bien los pasos necesarios para construir su propia vivienda, según UCI. Dos de cada tres saben poco o nada sobre el proceso.

El atractivo económico existe. Según Notenson, una vivienda autopromovida puede permitir un ahorro de alrededor del 20% o 30% frente a un proceso en el que intervienen un promotor y una empresa constructora, al eliminar determinados márgenes y gastos. Pero ahorrar un 30% sobre una vivienda cara no convierte automáticamente la operación en una vivienda barata.

La cuenta empieza, además, antes de colocar el primer ladrillo. “El terreno es fundamental”, señala la arquitecta. Antes de comprar una parcela hay que conocer su calificación urbanística y comprobar que es apta para construir. Un terreno barato puede dejar de serlo si necesita obras de urbanización, nuevas conexiones a las redes públicas o actuaciones adicionales. Ahí aparece una de las primeras trampas de la vivienda aparentemente barata: el precio de la casa no es el precio de la vivienda.
La promesa de los 60.000 euros
Las casas modulares han añadido otra capa a la conversación. En internet es fácil encontrar viviendas que se anuncian por 50.000, 60.000 o 70.000 euros. También existen modelos de segunda mano que se sitúan entre los 20.000 o 30.000 euros. Frente al precio de una vivienda convencional, las cifras resultan tentadoras.

Daniel Corral empezó así: “Me pareció increíble que por ese dinero pudieses tener algo de tanta calidad”, cuenta. Un amigo había heredado un terreno grande en Madrid y ambos comenzaron a investigar las posibilidades. Encontraron casas móviles y prefabricadas. Algunas ofrecían dos o tres habitaciones, baño, salón y cocina, con transporte e instalación por un coste adicional.
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