La Monumental de Barcelona sigue ahí, imponente y silenciosa. Sin un uso presente ni futuro que inquiete a gobernantes. En calma para todos los niveles administrativos, local, autonómico y nacional. Para todos menos para la resistencia que mantiene viva la pasión por volver a ocupar sus tendidos. La Monumental ha sido objeto del deseo en determinadas convocatoria electorales. Con el fragor del debate sobre la Fiesta, Ciudadanos y PP enarbolaron en unos comicios a la Generalitat la bandera de la tauromaquia. Se prometieron muchas cosas y los aficionados les creyeron. Hasta una tarde de ilusiones perdidas se llevaron a hombros a Albert Rivera y Rafael Luna junto al diestro Serafín Marín en tarde de triunfo. Toda aquella euforia de los... Ver Más