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Eduard Sola: “Los hombres ya no somos los reyes del mambo, dejemos de hacer el gilipollas y asumamos nuestra responsabilidad”

elDiario.es · hace 3 días
El guionista de 'Querer' o 'Casa en flames' presenta su primera novela, 'El nido' (Ediciones B), una historia de duelo, culpa y la liberación mental y sexual de una mujerAnálisis - Cinco claves por las que 'La bola negra' puede hacer historia para España en los Oscar
Los guionistas en el cine español siempre pelean para que se les reconozca. Por una visibilidad que ponga en valor a aquellos sin los que nada de lo que se ve en pantalla existiría. Son los que crean las historias, aunque luego sean los actores y los directores los que se lleven los focos. A veces, pocas, eso se revierte y alguno de ellos ocupa una pequeña posición de poder. Es lo que le ocurrió a Eduard Sola hace dos años cuando encadenó un curso pletórico firmando los guiones de Querer (junto a Alauda Ruiz de Azúa) y Casa en Flames. Al relumbrón de los premios se sumó que Sola se destapó como, también, un enorme escritor… de discursos.

Ahora, tras aquel terremoto mediático en el que cada palabra que decía delante de un altavoz parecía convertirse noticia, presenta su primera novela, El nido (Ediciones B), la historia de una madre que afronta un duelo tardío en un proceso que también será de liberación mental y sexual. 

¿Por qué debutar ahora en la novela y por qué no es un guion?

No sé cómo ha pasado, la verdad. Me vinieron a buscar la buena gente de Penguin, Ana María Caballero, mi editora, y me hizo la propuesta. Y yo, tonto de mí, dije que sí. No me lo pensé mucho y dije que sí. Y no solo eso, sino que firmé un contrato y claro, ahí fue mi perdición, porque cuando estaba escribiendo lo pasé fatal, muchísimo peor que escribiendo un guion, por esta cosa de no estar escudado en un rodaje ni en un montaje, sino ir a pelo en este caso contra el lector. Y eso me aterraba. Y luego lo pasé fatal. Acabé la novela, la entregué cumpliendo con mi contrato y pensé nunca más. Y ahora han pasado unos meses y digo bueno, a lo mejor hago otra.

¿Había habido algún intento previo?

Supongo que todos los que contamos historias tenemos esta voluntad de explorar otros métodos, de contar historias. A mí me había pasado. Incluso me había sentado a escribir. Tengo borradores de otras, pero nunca se materializaron, nunca se acababan precisamente porque no había ese compromiso con nadie. Estás tú solo en tu casa escribiendo y cuando te cansas lo dejas para siempre.

¿Le podía el guionista mientras escribía? ¿Es muy diferente escribir un libro que un guion?

El guion es un mecanismo. Y no podemos olvidar que hay miles de espectadores que ven las pelis, pero el guion en sí mismo lo leen 100 personas, 50 personas, muy poca gente. Y claro, esto como que te ampara mucho y además es una cosa muy técnica. Tiene un formato muy concreto y, aunque hay literatura en un guion, por supuesto, y yo sé identificar un guion de X persona, forma parte de un engranaje. 

El nido habla de una madre que ha perdido un hijo, pero hay un sentimiento latente en todas sus páginas: la culpa. ¿Diría que es uno de los temas que atraviesan la novela?

Me temo que es inevitable. La culpa siempre acaba por aparecer en todo, pero no solo en la novela, sino en la vida en general. Es uno de los grandes motores por los que hacemos las cosas, incluso la previsión de la culpa. El saber que si no haces eso te sentirás culpable. La culpa acaba siempre estando aquí. Cuando estamos hablando de los hijos, que es el caso de la novela, la cosa se complica. La culpa siempre crece y no sé la gente, pero yo vivo asustado por lo que puedo provocar a mis hijos. Estoy educándola todo el rato y la culpa está. Y cuando además pasan tragedias en relación a los hijos, pues apaga y vámonos. La culpa aparece la primera.

Es un sentimiento que se suele relacionar con lo católico, pero los no creyentes tenemos sentimiento de culpa también. ¿Tiene que ver con la herencia de la religión en España?

Yo creo que es mundial. Obviamente, el catolicismo ha absorbido muchos de los sentimientos humanos y los hizo suyos, como las tradiciones paganas, como la Navidad. La culpa va intrínseca en el ser humano, porque intrínseco al ser humano está la empatía. La culpa está intrínsecamente relacionada con la empatía. La empatía es un músculo que se nos está atrofiando y que tenemos que cuidar un poco más. La culpa es una herramienta de ejercicio de la empatía. Porque somos empáticos, porque somos capaces de sentir el sentimiento ajeno, de sentir la tristeza ajena, el dolor ajeno, es por eso que sentimos culpa. Y eso, de algún modo, también es bonito, que el ser humano sea capaz de esta interacción.

El arco del personaje de Sara es un viaje de liberación, de muchas cosas que la tenían atada, además de la culpa.

A Sara, cuando se le muere el hijo, hace una cosa que hacen especialmente las madres, que es poner al otro en el primer lugar, poner al ser que se cuida como centro
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