Hay una España que queda al otro lado del mar y que espera que alguien se acuerde de ella. Reciben una visita, una promesa, un ministro y una fotografía que amarillea en el despacho porque no parece preocupar a quien debe coger el toro por los cuernos. Pero después vuelve el silencio. Por eso ABC quiso llevar a las dos ciudades autónomas hasta su propia casa, reunir a sus presidentes y recordar que hay asuntos que no pueden desaparecer de la actualidad porque a los políticos les convenga cambiar de tema. Julián Quirós, director de ABC, lo explicó al comenzar el foro. Aquello era un homenaje y una declaración de compromiso del periódico y de sus lectores con dos ciudades que llevan siglos formando parte de nuestra historia. Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda estaban allí. Les arroparon miembros destacados del Partido Popular, como Esther Muñoz, Elías Bendodo, Cuca Gamarra, Jaime de los Santos o el propio alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. También algunos destacados empresarios y un buen número de influyentes, desde José y Rafael Benjumea a Narciso Michavila, pasando por miembros de los dos gobiernos de Ceuta y Melilla así como representantes de las cámaras de comercio. Ninguno quiso pasar de largo el guante lazado por ABC. De entre todos destacaban los dos Juanes. Entre ambos acumulan más de medio siglo de gobiernos, elecciones, disgustos, alegrías y la naturalidad de seguir siendo el ejemplo del mestizaje y la concordia de nuestra nación. Vivas lleva varios meses en la trinchera de la dignidad y a Imbroda se le adivinaba cierta complicidad en la mirada, porque cualquiera de los dos podría haber estado en el lugar del otro. Quirós recordó que aquellas dos ciudades ya eran españolas mucho antes de que otros territorios adquirieran su configuración actual, porque Ceuta y Melilla están tan dentro de España como la M-30, aunque ciertos ministros no sepan cuántas comunidades y ciudades autónomas conforman nuestro mapa. El director tiró del archivo fotográfico de ABC, un desván de más de quince millones de instantes que conserva el periódico, para recordar que la Casa Real y estas páginas llevan más de un siglo mirando hacia las dos orillas. Han pasado tres meses desde los acontecimientos que sacudieron Ceuta y Melilla y la sensación de abandono continúa exactamente en el mismo sitio. Nuestros paisanos nos dan lecciones de cómo ser español, y nosotros no podemos olvidarnos de lo que ocurre cuando las cámaras se marchan y apagan el foco. Vivas tiene el gesto de los hombres que llevan muchas noches durmiendo poco. Habla despacio, mide las palabras y se le nota que lleva tanto tiempo defendiendo Ceuta que conoce de memoria hasta las grietas de las aceras. Imbroda tiene la voz más grave y seca. Quizá por ello sus frases se quedan clavadas en quienes le estábamos escuchando, haciendo un pequeño surco en nuestra memoria. Los dos conocen el oficio y han aprendido que gobernar una ciudad de frontera exige estar pendiente de cosas que a otros presidentes ni se les pasan por la cabeza. Allí una decisión tomada en Rabat puede cambiar la vida de esa parte de España en un pispás. Lo temerario e injusto es que una decisión tomada en Madrid puede dejarlo todo hecho una ruina. Los dos Juanes regresarán a sus ciudades, a sus despachos, a sus vecinos y a sus preocupaciones, que al otro lado del Estrecho se convierten en obligaciones. Los dos tienen el trato cercano, el del alcalde que conoce a sus vecinos por su nombre y que hace que éstos voten a personas y no a siglas. Quizá esa sea una de las grandes diferencias entre Ceuta, Melilla y Madrid. Ellos volverán a mirar hacia el otro lado de la frontera y después hacia aquí, esperando que el Estado les coja el teléfono. La visita de SS MM los Reyes ha vuelto a poner los puntos sobre las íes. Por encima de las ideologías, de los partidos, de las religiones o de la escaramuza de la política, ceutíes y melillenses nos han dado una lección de lo que significa ser españoles. El Rey dijo que España iba a Ceuta y Melilla. Que son nuestra frontera pero que también son la frontera de esa Europa que últimamente no sabe ni atarse los cordones. Lo verdaderamente insólito es que los dos Juanes tengan que venir a la capital de su propio país para recordarnos que siguen siendo España.