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La difícil supervivencia de Junts

elDiario.es · hace 1 h
El partido de Puigdemont no rechazó los decretos con contundencia, sino que invitó al Gobierno a retirarlos y presentar con celeridad un nuevo texto para corregir algunos aspectos que, en su opinión, provocarían el “efecto contrario” de lo que se busca. Junts está intentando una improbable cuadratura del círculo. Pero Sánchez le ha respondido que ni hablarJunts tumbará los dos decretos de vivienda y pide al Gobierno que los retire
Junts bajó el dedo pulgar. El partido independentista catalán tenía la llave para que saliera adelante al menos unos de los dos decretos sobre vivienda aprobados por el Gobierno, pero ha dicho que no apoyará ninguna. Ni siquiera el ‘blando’, el que muchos, comenzando por el presidente Sánchez, creían que respaldaría, así fuera sin gran entusiasmo. Pero lo de Puigdemont han hecho sus cuentas, han analizado los pros y los contras, y han decidido dar la espalda al clamor de cientos de miles de ciudadanos, particularmente jóvenes, para los que el derecho elemental de tener un techo se ha convertido en un calvario.

Es cierto que Junts, como cualquier partido, tiene un compromiso con sus electores, y una masa considerable de estos son pequeños y medios propietarios de bienes, particularmente inmobiliarios. Pero quien lea sin prevenciones el texto del decreto ‘blando’ difícilmente llegará a la conclusión de que constituye un atentado contra la propiedad privada. Es cierto que pretende dar más estabilidad a los inquilinos y contiene las subidas arbitrarias y codiciosas de los alquileres al menos en un horizonte de cuatro años, pero al mismo tiempo ofrece algunas interesantes concesiones impositivas a los caseros si rebajan un 5% los alquileres y le cubren las espaldas ante situaciones de impagos en determinadas circunstancias. Hay otras medidas, como la prohibición a los grandes fondos de comprar inmuebles por menos del 70% de su valor de tasación, que sectores de Junts podrían considerar como una inaceptable intromisión del Estado, pero, seamos serios: si esos fondos compran a un 71%, también harán un jugoso negocio. Quien debería enfadarse es más bien la izquierda, que reclamaba una mano mucho más dura contra esos pulpos inmobiliarios.

La decisión de Junts hay que analizarla en clave de supervivencia política. El partido no está en su mejor momento, con unas encuestas adversas y con un partido, Aliança Catalana, que le está comiendo terreno por la derecha. Aprobar sin más el decreto le podría dar aún más alas al partido de Orriols, que se presentaría como el verdadero garante de las clases medias catalanas frente a un Junts “entregado” al Gobierno central. Pero, al mismo tiempo, no aprobarlo le puede crear problemas en la política de ámbito nacional, sobre todo si el presidente Sánchez decide disolver las Cortes y convocar elecciones, en un momento en que aún no esté completamente resuelto el tema de la amnistía para Puigdemont y otros dirigentes independentistas.

A ello hay que sumar lo que los alemanes llaman el zeitgeist, el espíritu del tiempo, y este indica que hay en el ambiente un malestar profundo por la dificultad creciente de masas de ciudadanos para acceder a un techo. Un malestar que venía creciendo en los últimos años y que ha estallado a raíz del desahucio de Maricarmen. Con su decisión de rechazar el decreto ‘blando’, que incluso el también conservador PNV se ha avenido a apoyar, Junts termina en el “bando” del PP y Vox, y eso, por supuesto, puede causarle un daño imprevisible.

Quizá en ese sentido hay que interpretar el lenguaje utilizado por Junts al anunciar su no a los dos decretos. No los rechazó con contundencia, sino que invitó al Gobierno a retirarlos y presentar con celeridad un nuevo texto para corregir algunos aspectos que, en su opinión, provocarían el “efecto contrario” de lo que se busca. Quizá lo que Junts intentaba era buscar la cuadratura del círculo: mostrarles a sus electores que defiende sus intereses, para así de paso no darle argumentos a su rival Aliança Catalana, y buscar algunos retoques del Gobierno que le permitan salvar la cara en Catalunya y, al mismo tiempo, evitar retratarse con PP y Vox en unos momentos de gran contestación contra los desequilibrios obscenos del capitalismo.

Junts ha pretendido dejar el balón en el terreno de Sánchez. Pero minutos después de que trascendiera su decisión, el Gobierno respondió que ni hablar, que este viernes va a presentar los dos decretos para que todos se retraten en la votación. Salvo sorpresas de último momento, el partido de Puigdemont quedará inmortalizado en la foto junto a la derecha y la extrema derecha españolas. Y esa foto estará bien fresca en la memoria si el presidente del Gobierno convoca elecciones, con el cálculo, o al menos la esperanza, de que la rabia por el rechazo de los decretos movilice con más fuerza a las izquierdas. Junts ha apostado, y lo ha hecho en contra de la marea de desesperación por el problema de la
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