Día de Todos los Santos: Holywins, las iniciativas para disfrazar a los niños de ángeles y santos en lugar de celebrar Halloween
Infobae · hace 5 h
El pulso vertiginoso del calendario contemporáneo suele sepultar, bajo el estrépito de la cotidianeidad y el consumo, el sentido profundo de nuestras fechas fundamentales. Sin embargo, cuando llegan las primeras calurosas brisas de noviembre, un murmullo milenario vuelve a resonar en la memoria del pueblo creyente. Cada primer día de noviembre, la Iglesia católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, una festividad que trasciende la evocación litúrgica para convertirse en un mapa de la esperanza humana, donde la gracia divina y el esfuerzo mortal se entrelazan en una comunión ininterrumpida. Comprender el origen, la evolución y el significado actual de esta jornada exige recorrer la historia de la fe y observar cómo la santidad se encarna en la complejidad del siglo veintiuno.Las primeras evidencias documentadas de esta celebración colectiva remiten al Oriente cristiano. En Antioquía, hacia el siglo cuarto, San Juan Crisóstomo ya daba testimonio de un domingo dedicado a conmemorar a todos los mártires, fijado después de Pentecostés. Aquella costumbre vinculaba el descenso del Espíritu Santo con la fecundidad de la santidad martirial. La fijación del primero de noviembre en la Iglesia latina respondería, sin embargo, a un proceso histórico propio de Occidente, atravesado por la cristianización de las costumbres y la evolución de los grandes centros litúrgicos.El hito fundamental en Roma ocurrió el 13 de mayo del año 609, bajo el pontificado de Bonifacio IV. El Papa convirtió el Panteón de Agripa, monumento dedicado a las deidades del paganismo romano, en un templo cristiano consagrado a la Virgen María y a todos los santos mártires. El traslado de reliquias desde las catacumbas hasta el antiguo Panteón marcó un cambio de significado para aquel espacio emblemático. Durante más de un siglo, el 13 de mayo permaneció como fecha de esta memoria sagrada en Roma. La transición hacia el 1º de noviembre se consolidó en el siglo VIII, cuando Gregorio III dedicó un oratorio en la basílica de San Pedro a todos los apóstoles, mártires, confesores y justos que descansan en el mundo entero, estableciendo la celebración en esa fecha. En el año 835, Gregorio IV, con el respaldo del emperador Carlomagno y sus sucesores, extendió oficialmente la festividad a la totalidad del Imperio franco y a la Iglesia de Occidente.
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