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Dentro de la comuna siria donde los hombres están prohibidos: "Fuera, la vida es más hostil”

elDiario.es · hace 8 días
Aunque a las puertas de Jinwar hay vigilantes, en su interior se esconde un refugio sereno creado por mujeres que han huido de la guerra y las penurias
Una mujer con un rifle al hombro y un walkie-talkie en la mano monta guardia a la entrada de Jinwar, una comuna exclusivamente para mujeres en Siria. Tras la puerta, una treintena de casas de adobe salpican el paisaje desértico, rodeadas de jardines donde crecen flores, hortalizas y árboles frutales.

La aldea, situada a las afueras de Qamishli, una ciudad de mayoría kurda en el noreste de Siria, es un estallido de color en medio de un paisaje polvoriento. Inaugurada en 2018, Jinwar se ha convertido en un refugio para mujeres de toda la región, entre ellas kurdas, árabes y yazidíes. Algunas llegaron a la comunidad tras perder a sus maridos a manos del Estado Islámico (EI); otras dejaron atrás matrimonios abusivos en busca de seguridad e independencia. La propia comunidad se define como “un lugar para mujeres que anhelan vivir libremente junto a otras mujeres y niños; mujeres que no quieren casarse; mujeres que perdieron a sus maridos en la guerra o que sufrían violencia intrafamiliar”.

En la comuna viven unas 25 mujeres, junto con sus hijos y sus animales, entre los que se cuentan vacas, ovejas, gallinas y pavos reales. Gestionan su propia escuela, han construido muchas de sus viviendas con ladrillos de tierra, agua y paja, y cultivan gran parte de sus propios alimentos, como berenjenas, tomates, pimientos, pepinos, cebollas y ajo. Los hombres pueden ir de visita, pero no vivir en la comuna o pernoctar.

Jinwar se construyó durante la guerra civil siria como respuesta a la violencia, la discriminación y los numerosos desafíos a los que se enfrentaban las mujeres de la región. Su nombre combina las palabras kurdas jin (mujer) y war (hogar, tierra o lugar) y puede traducirse como el “espacio de las mujeres”.
Welat
Welat, de 55 años, llegó a Jinwar hace poco más de un año en busca de refugio tras separarse de su marido. “La vida no me iba bien”, explica. “Apenas podía mantenerme a flote”.

Cuando supo de la existencia de una comuna solo para mujeres, decidió visitarla. “Me he encontrado a mí misma, a mi verdadero yo”, afirma.

Welat dedica ahora las mañanas a asistir a clases de kurdo y después se turna con otras mujeres para montar guardia a la entrada de la aldea. Las residentes comparten las tareas de gestión de la comuna, mientras el constante ir y venir de visitantes genera actividad, intercambios y nuevas conversaciones. “Recibimos a muchos visitantes. Hay mucho intercambio y actividad”, explica.





Las madres trabajan codo con codo. Las relaciones entre las mujeres son maravillosas. El ambiente es muy positivo y todas mantenemos el ánimo alto

Welat
— Residente en Jinwar




Welat explica que se respira un clima de solidaridad y apoyo: “Las madres trabajan codo con codo. Las relaciones entre las mujeres son maravillosas. El ambiente es muy positivo y todas mantenemos el ánimo alto”.

Por encima de todo, Jinwar ofrece a Welat algo que no ha encontrado en ningún otro lugar de Siria: seguridad y tranquilidad. “Fuera, la vida es más hostil”, explica. “Aquí todo es diferente. Puedo ser yo misma. Tengo una buena vida”.

Espera que el ejemplo de la aldea traspase sus muros. “Me gustaría que todas las madres del mundo fueran conscientes de su propia fuerza”, afirma. “Si tienen fuerza, tienen libertad”, concluye.
Nujîn
Nujîn Mihemed, de 57 años, llegó a Jinwar hace cuatro años y medio, tras la muerte de su marido. Vivía sola en un pueblo cercano a al-Dirbasiyah y padecía problemas de salud, por lo que sus amigos la animaron a trasladarse a la comuna.

“Sufrí mucho. Pasé por muchas penurias. Tanto por la llamada 'moralidad' como por la sociedad”, explica. “Nuestra sociedad no tiene piedad. Incluso dentro de mi propia familia: no mi madre ni mi padre, sino mis hermanos y hermanas; ellos me oprimían”, lamenta.

Hoy Mihemed colabora en todas las tareas necesarias, desde hornear pan hasta participar en los turnos de guardia. La comuna dispone de una panadería, un pequeño colmado, un centro de salud y una escuela.
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