Cuauhtémoc Cárdenas, y la templanza necesaria | Artículo de Mario Luis Fuentes
Aristegui Noticias · hace 5 h
Por Mario Luis Fuentes*
Con la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas, México pierde una figura cuya autoridad moral se fundó siempre en la congruencia entre su palabra y su vida. En el contexto político mexicano, en el que el lenguaje se desgasta y se vulgariza permanentemente entre la demagogia, la confrontación y el encono, esa correspondencia constituye un patrimonio moral invaluable. Su ausencia nos deja ante una pregunta que debemos responder con premura: ¿qué estamos haciendo para que la congruencia, la integridad y la escucha encuentren continuidad entre nosotros?
Tres cualidades permiten comprender la excepcionalidad de su trayectoria. La primera es la congruencia, esa difícil continuidad entre lo que se afirma y aquello que se está dispuesto a sostener cuando llegan los costos. La segunda es la consistencia ética: conservar criterios de conducta a través de circunstancias que invitan a modificarlos por conveniencia. La tercera es la capacidad de diálogo, cuyo fundamento más profundo reside en saber escuchar. Reunidas, estas disposiciones hacen de su biografía una enseñanza pública.
La congruencia tiene una dimensión temporal que solemos olvidar. Un gesto digno puede pertenecer a cualquiera; pero sostener durante décadas una orientación reconocible exige trabajar sobre el propio carácter. En Cárdenas, la defensa de la soberanía, la justicia social y la democratización ofreció esa continuidad. La ruptura con el Partido Revolucionario Institucional, la lucha electoral de 1988 y su contribución a la apertura política pertenecen a una trayectoria desde la cual millones de mexicanos pudieron imaginar que las instituciones eran transformables y que México podía y merecía aspirar a una realidad cotidiana progresista.
Construir consistencia ética es una tarea especialmente ardua dentro de la política, particularmente en el caso mexicano. Aquí, las convicciones deben atravesar una larga trama de lealtades, ambiciones, negociaciones y urgencias que puede erosionarlas. Cada concesión encuentra su explicación; cada renuncia, una necesidad histórica que la disculpa. Frente a ello, la ejemplaridad de Cárdenas adquiere un relieve único. Su figura preservó una autoridad moral que obliga a cuestionarnos cuánto de nuestra tolerancia hacia la degradación pública procede de haberla aceptado como inevitable.
Foto: Cuartoscuro
Escuchar exige una disciplina semejante. Implica admi…
¿Debería la política mexicana priorizar la congruencia personal o los resultados de gestión?
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