Sucedió hace muchos años, cuando mi hijo empezó a jugar al fútbol en el equipo del colegio. En uno de sus primeros partidos, al acercarse a rematar un saque de esquina, observó con asombro cómo uno de los defensas del equipo contrario le agarraba con fuerza de la camiseta para dificultar sus movimientos. Mi hijo, después de la sorpresa inicial y de comprobar que no podía moverse dentro del área con facilidad, miró primero al defensa, después al árbitro y finalmente a mí. Era una mirada de desconcierto. Como si quisiera preguntarme si aquello era normal. O, al menos, si aquello formaba parte de las reglas que le habían enseñado. Yo me quedé entonces con una duda que todavía recuerdo:... Ver Más