La crisis de vivienda lleva a personas sin hogar a dormir en cementerios de Ibiza entre nichos y lápidas
elDiario.es · hace 3 días
El Ayuntamiento de Sant Josep ha cerrado los camposantos y también uno de los polideportivos para evitar que ciudadanos sin hogar lo utilicen como alternativa habitacional tras las quejas de familiares y vecinosLos extranjeros pagan casi el doble que los residentes por una vivienda en Balears
La solemnidad del cementerio de Sant Jordi (Eivissa) guarda, justo antes de que caiga la noche, algo de particular: en uno de los nichos vacíos hay varias pertenencias. No ramos de flores, ni fotos, ni otros recuerdos para velar por el más allá de un ser querido. Sino objetos de aseo, de abrigo y los cuatro enseres básicos que cualquier ser humano necesita para sobrevivir en el mundo terrenal. En un plano inferior, más abajo, incluso más, a ras de suelo, hay una persona durmiendo. Estirada sobre la superficie fría de este camposanto ibicenco. No es la única. La falta de vivienda ha obligado a algunos ciudadanos, algunos de ellos trabajadores, a buscarse la vida para poder pernoctar tranquilos, lejos de la persecución de la administración.
Primero, el paisaje pitiuso se vio salpicado de furgonetas y caravanas –a medida que aumentaban los precios de la vivienda, también lo hacía el número de vehículos donde vivían temporeros y también funcionarios en los alrededores de la ciudad de Eivissa y otros puntos de la pitiusa–; luego, se fueron creando asentamientos donde proliferaron las infraviviendas. Todo esto dejó paso –ya empezada una imagen de chabolismo en la isla del lujo– a la preocupación institucional y los desalojos, que desde 2024 han sido prácticamente incesantes.
Ahora, las personas sin hogar se han multiplicado en el territorio insular, incluso ocupando algunas de ellas un puesto de trabajo, hasta rozar las 200, según datos de Cáritas. El silencio sepulcral es perfecto para entrar en fase REM. Aquí, en este cementerio municipal, todo es estático. No hay más disturbios que el de algún que otro familiar o amigo que se acerca a limpiar y velar por los restos de los que un día fueron.
Una persona sin vivienda duerme en un banco junto al Mercadona de sa Carroca, en Sant Jordi (Eivissa).
Son ellos, así como los vecinos, los que se han inquietado ante la situación de que ciudadanos que no pueden contar con un bien básico como el de la vivienda carguen sus teléfonos móviles y decidan ocupar para dormir un lugar de respeto a los fallecidos como es el cementerio.
Medidas de cierre por “seguridad”
La realidad es que, de momento, nadie les ha ofrecido, a ninguno de los afectados en Eivissa (ni Balears) por el problema habitacional, una solución real. El mercado inmobiliario balear continúa al alza –con un crecimiento sostenido desde el año 2015, según datos del portal inmobiliario Idealista–, cada vez más tensionado y abierto a la especulación. Sin ningún tipo de limitación a la compra de vivienda por parte de personas no residentes y escaso parque de vivienda pública.
El Ayuntamiento de Sant Josep –municipio que emplaza el camposanto donde se ha dado esta situación– ha asegurado tras ser consultado por elDiario.es que todas las personas que así lo han aceptado están siendo atendidas por los Servicios Sociales y que se está actuando según los procedimientos establecidos, aunque no han especificado cuáles.
Lo ha hecho tras implementar medidas de seguridad para controlar la apertura y el cierre de varias instalaciones y garantizar lo que han considerado su “uso correcto”. Así sucede cada día desde que el equipo de gobierno municipal tuvo conocimiento de la situación, un vigilante se acerca al acceso a las nueve de la noche y echa el cerrojo para garantizar el buen descanso de los muertos. Doce horas más tarde acude a hacer justo lo contrario: abrir la puerta al inamovible reino del infierno y de los cielos.
El Ayuntamiento de Sant Josep ha tomado medidas: un vigilante se acerca al acceso del cementerio a las nueve de