Ayer llegó el otoño, con un calor impropio de la evocación idílica de hojas cenicientas y tierra húmeda que imaginamos de esta estación. Y lo cierto es que si el lenguaje ha inmortalizado el veranillo del membrillo o el de San Miguel, es porque se repite tanto que ha acabado prendido en las palabras. Equinoccio es una palabra magnífica para designar la igual duración de la noche y del día, suspendido el sol sobre el ecuador. Perfecta armonía, que ojalá templara nuestra polarizada existencia. No hay nada más armónico que la poesía ni otoño en Córdoba sin Cosmopoética , sin el hombre del bombín y paraguas negro, sin versos, como cítaras, colgados de los árboles. Mañana y durante una semana... Ver Más