Los conflictos de interés, bajo la lupa: "En España las guías clínicas son un coladero para las farmacéuticas"
elDiario.es · hace 16 días
Un análisis revela la vulnerabilidad en España de estos documentos de referencia, que marcan cómo se debe tratar a los pacientes. Tras el reciente escándalo en la Sociedad Europea de Cardiología, los expertos llaman a regular mejor estas situaciones, aumentar la transparencia y crear un registro centralizadoHemeroteca - De las revistas depredadoras a los congresos fantasma: la mala praxis se extiende por la ciencia
El prestigioso cardiólogo Kim Fox, expresidente de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), cobró más de 50 millones de libras —más de 58 millones de euros— junto a su esposa entre 2006 y 2015 a través de una empresa que gestionaba ensayos clínicos del fármaco ivabradina para la farmacéutica Servier. Todo esto, al tiempo que presidía el comité que elaboró las guías europeas que recomendaban ese medicamento, cuya utilidad ahora está en duda. Según ha revelado la revista The BMJ, tras la emisión de un documental danés y una investigación interna, la ESC ha sancionado a Fox por incurrir en una “conducta gravemente impropia”, al no haberse inhibido ante un conflicto de intereses y cobrar cifras que sus colegas consideran “monstruosas”.
El caso ha reavivado el debate sobre la transparencia de las relaciones entre médicos e industria farmacéutica y ha puesto el foco sobre las guías clínicas, que son los documentos maestros que regulan el manejo, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades más comunes. También en España, donde un reciente análisis ha determinado que, a pesar de que la gran mayoría de los autores de las guías reciben transferencias de valor directas de los laboratorios, apenas el 17% de sus declaraciones de conflictos de interés son completamente exactas y fiables.
El trabajo consistió en comparar las declaraciones de interés de 704 autores con las transferencias de valor reportadas por la industria farmacéutica disponibles en las páginas web de las compañías. El 80% de ellos recibieron transferencias, pero solo el 16,9% presentaron declaraciones de interés precisas. “Las tasas de declaración son muy bajas; tan solo uno de cada seis autores analizados declaraban correctamente los pagos y eso que no pudimos registrarlos todos porque no existe un registro único”, explica Sergio Martín-Benlloch, primer autor del estudio. “Nosotros quisimos llamar un poco la atención sobre este aspecto. Esto es un problema de transparencia que no se había estudiado antes en España”.
Intereses no declarados
La situación, dicen los autores, se ve agravada por la fragmentación y debilidad del sistema de control y transparencia español. A diferencia de otros países, que cuentan con leyes específicas de transparencia, España carece de un registro público único, centralizado y de fácil acceso que permita fiscalizar estos vínculos financieros de forma sistemática. A ello se suma que la declaración y gestión de los conflictos de interés en las guías clínicas no responde a un estándar nacional uniforme, sino que depende en gran medida de las políticas de cada sociedad científica u organismo que las elabora.
El problema es que no sabemos si cuando dicen que no tienen conflictos de interés los autores de las guías están diciendo la verdad
Sergio Martín-Benlloch
— Investigador de la Universidad Miguel Hernández y primer autor del estudio
“El hallazgo fundamental del trabajo es que se confirma algo que tristemente se espera: que las declaraciones de interés no sean veraces”, destaca Ildefonso Hernández-Aguado, director general de Salud Pública entre 2008 y 2011 y coordinador del estudio. En la memoria quedan algunos casos de conflictos de interés flagrantes, como el del oncólogo español Josep Baselga, que renunció en septiembre de 2018 como director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York tras conocerse que no había declarado millones de dólares en pagos recibidos de la industria farmacéutica en decenas de sus artículos científicos. O el del hepatólogo Jordi Bruix que, según una investigación de Civio, había recibido más de 98.000 euros de Bayer mientras respaldaba y lideraba investigaciones sobre dos fármacos de la compañía para el cáncer de hígado.
“El problema es que no sabemos si cuando dicen que no tienen conflictos de interés los autores de las guías están diciendo la verdad”, subraya Martín-Benlloch. “Las guías clínicas coordinan el manejo de patologías muy frecuentes y podrían ser el elemento más vulnerable a estos intereses de la industria”.
Pablo Alonso-Coello, investigador del Centro Cochrane Iberoamericano en el Instituto de Investigación Sant Pau, y responsable del Centro GRADE de Barcelona, coincide con las conclusiones del artículo, en el que no ha participado. “Es verdad que no te puedes fiar mucho, sobre todo en España”, asegura. “Hay organizacione