Centros de tortura para migrantes: un ejemplo más de la 'Great America' de Trump
elDiario.es · hace 6 días
El ataque a los derechos humanos es sistémico bajo la Administración Trump, con torturas en campos de concentración para migrantes en Alligator Alcatraz (Florida) y deportaciones a ciegas, mientras sigue la ofensiva contra los jueces del Supremo, las periodistas y la construcción del miedo contra el enemigo interno
La semana pasada estuve en el akelarre trumpista de Dallas. Era la primera vez que acudía a una convención de un partido estadounidense. Y fue bastante agotador: una sucesión de intervenciones durante dos días, cada uno de los cuales termina con un discurso de Trump y una actuación de un personaje con uno de los apelativos más singulares del mundo: Christopher Macchio, tenor presidencial.
¿Se imaginan qué pasaría si hubiera un tenor presidencial en España? Pues Donald Trump tiene uno y se lleva sin ningún tipo de polémica en Estados Unidos.
Al final del segundo día, cuando me disponía a salir del American Airlines Center de Dallas, dos señoras me preguntaron cómo había logrado entrar con una mochila. Les respondí que era periodista, y replicaron: “¡Fake news, fake news!” A su pregunta de a qué medio pertenecía, les dije: “Soy corresponsal español”. Y se lanzaron en español: “Pedro Sánchez a prisión, Pedro Sánchez a prisión”.
Ellas no sabían ni de lo que hablaban, pero les daba igual: repetían el mensaje de sus referentes políticos y mediáticos: los periodistas somos “fake news” y Pedro Sánchez debería estar en la cárcel, y eso que no tiene ni una acusación en los tribunales ni una causa abierta, ni una imputación, ni un suplicatorio, ni un juicio ni nada de nada.
Esa es una de las principales lecciones que aprendí en Dallas: el trumpismo tiene mucho que ver con una secta, y el culto al líder hace que Trump aparezca como infalible. Y cuando no dice la verdad de forma evidente, como cuando insistía en que el aforo estaba repleto, sus seguidores se ríen mientras miran las gradas vacías, pero no se sienten decepcionados. Al revés, les hace gracia.
En las pantallas, además, no paraban de poner un vídeo alucinante en el que explicaban cómo “Dios dio al mundo a Trump”, de forma totalmente mesiánica, mientras el eje de los discursos era persistente: Trump y los republicanos representan el “sentido común” mientras los demócratas están cooptados por “comunistas e islamistas”.
Y todo el mundo aplaudía, incluso cuando los ponentes prometían prohibir la ley sharía, como si en EEUU fuera esa una amenaza, como si alguien en alguna institución de EEUU defendiera la ley islámica, como si los únicos que en EEUU quieren llenar de religión la vida pública no fueran los cristianos. Pero ante eso no dicen nada, al revés, invitan a pastores evangélicos a dar discursos en la convención republicana. Y esta es otra lección: cómo el evangelismo cultural y político está penetrando en el Partido Republicano y el trumpismo.
Junto a la reivindicación de un supuesto sentido común frente al supuesto comunismo, prácticamente todos los intervinientes celebraron la represión migratoria y fronteriza.
Eso sí, ninguno tuvo un pensamiento para los miles de inocentes maltratados, los ciudadanos estadounidenses asesinados por el ICE ni los abusos a los derechos humanos cometidos.
Unos días después de concluir la fiesta del trumpismo en la que el presidente se permitió ofrecer 5.000 dólares a cambio de la victoria en noviembre, en lo que supone una evidente forma de comprar votos, un informe de la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional constata las torturas en Alligator Alcatraz, que en lugar de ser un centro de detención temporal de inmigrantes, se constituyó en un lugar de castigo y tortura, en el que, además, se forzaba a los migrantes a ser recluidos en jaulas individuales como castigo.
Aquel centro se levantó como espectáculo de sus crueldades, y por eso lo llamaron Alligator Alcatraz, fantaseando con caimanes acechando a los migrantes.
El propio Donald Trump visitó el centro antes de su inauguración hace un año, y se presentó como un ejemplo de lo que había que hacer y de la cooperación entre el Gobierno federal y los estados, en este caso de Florida, en materia de represión migratoria en EEUU.
Pero el centro fue demasiado lejos hasta para algunos en la propia Administración Trump, y un informe de la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional concluye que el centro no cumplía con las normas de salud y seguridad ambiental; con las normas médicas; las normas de servicio de alimentos; las de higiene personal y las de recreo. Es decir, no cumplía con nada.
El centro ha terminado siendo clausurado a finales de junio, pero nadie ha rendido cuentas por ello. Al revés, el concepto de la represión de la migración y del avance del autoritarismo siguen siendo fundamentales en los EEUU de Donald Trump.