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Bryan Johnson, el mesías triste de la inmortalidad

elDiario.es · hace 2 días
Se presenta como la persona más sana del planeta, pero es un tecno-oligarca que experimenta en su cuerpo y codicia la eterna juventud
Este reportaje forma parte de la revista de elDiario.es 'El sueño de la vida eterna'. Hazte socia, hazte socio, y te la enviamos a casa
Imaginemos Silicon Valley como un olimpo donde sus dioses, todos ellos varones desmedidamente ricos que hicieron fortuna con la revolución tecnológica de finales del siglo XX y las primeras décadas del XXI, deciden no solo sobre sus propios destinos, sino sobre los del resto del mundo. Tenemos a Mark Zuckerberg (Meta), un aspirante a emperador romano obsesionado con Augusto que acumula más poder que muchos países. Está Elon Musk (X, Tesla, SpaceX), el antihéroe con serios problemas personales que fabrica máquinas futuristas mientras tiene hijos por fecundación in vitro a quienes no ve. Jeff Bezos sería el explotador consumido por la avaricia que acaba destinando el dinero que extrajo a cumplir su fantasía infantil de viajar al espacio; y Sam Altman (OpenAI) un temerario cerebro del mal cuyo plan para dominar el mundo siempre está a punto de hundirse y generar un cataclismo que se llevaría por delante las economías globales.

Entre todos ellos, a mucha distancia en cuanto a riqueza y poder político pero no tanta en cuanto a ambición e influencia cultural, se encuentra otro personaje de carácter mítico: Bryan Johnson, el millonario atormentado por un pasado oscuro que ha decidido dedicar su vida a no morir, pero debe pagar un gran precio a cambio. Se le ha comparado con un vampiro y existen motivos para ello: está extremadamente pálido, pasa la vida encerrado en su castillo (una preciosa casa de cristal ubicada en California) y ha arrastrado a su estirpe en su locura de inmortalidad, llegando a transferirse plasma de uno de sus hijos y a donar él su sangre a su propio padre. Pero su verdadero arquetipo, como veremos, es el del redentor.

Es significativo que todos los dioses mortales que acabamos de citar inviertan en la industria de la longevidad y estén obsesionados con ella en mayor o menor grado. También lo hacen Larry Ellison (Oracle), Larry y Sergey Brin (Google) o Peter Thiel (Palantir). Sin embargo, Johnson es hoy, a sus 48 años, la gran figura del ‘biohacking’ extremo y de la fantasía transhumanista de los tecnócratas de comprar con aquello que les sobra, dinero y conocimiento, lo único que no podrán poseer jamás y que se interpone en su ilimitada codicia: la eterna juventud. Su cuerpo es su misión y su negocio: monitorizado por un equipo de varios médicos, consume docenas de suplementos al día y sigue rutinas tan estrictas respecto a estilo de vida, sueño y alimentación que serían intolerables para la mayor parte de las personas. Junto a su equipo, revisa la literatura científica en busca de todos los avances que puedan tener una aplicación práctica en el campo del antienvejecimiento, los prueba en sí mismo, evalúa el resultado y vuelve a ajustar, en un simulacro de experimento científico formado por una sola persona. Él es su propio conejillo de indias.

Mide y comparte sus biomarcadores de forma pública. Empezamos a saber de él cuando se hizo viral el titular de una entrevista donde afirmaba gastarse dos millones de dólares al año en tener el cuerpo de un chico de 18 años. Su protocolo antienvejecimiento (al que ha llamado Blueprint) es gratuito y se encuentra en su página web. Sin embargo, lo suyo es un negocio: comercializa en su tienda en línea aceite de oliva virgen extra a 44 euros el litro y suplementos a 40; y acaba de lanzar un programa denominado ‘Immortals’ donde se ofrece a supervisar detalladamente las rutinas avanzadas de sus clientes vip a cambio de un millón de dólares anuales.

“Hola, amigo. Después de tener malos hábitos de salud de niño, de destrozarme durante 20 años creando empresas y de una década de depresión crónica, ahora, a la edad cronológica de 46 años, tengo los mejores biomarcadores integrales de cualquier persona en el mundo. Cuantitativamente, la persona más sana del planeta”, se presenta Bryan Johnson en su página web. Continúa presumiendo de estar dentro del 1% de la población en cuanto a menor velocidad de envejecimiento, masa y función muscular, masa grasa, inflamación, salud cardiovascular, masa ósea, calidad del sueño, marcadores clínicos combinados y –sí eso también– erecciones nocturnas. Está obsesionado con sus órganos sexuales: se ha inyectado bótox en el pene, duerme cada noche con un dispositivo que monitoriza sus erecciones para asegurarse de que son las de un joven y afirma haber mejorado su fertilidad gracias a saunas regulares en las que protege sus testículos con hielo.
Voluntad férrea
Dice que se acuesta a las ocho y media de la noche y que se levanta a las cinco de la mañana. Se concede un minuto como máximo para levantarse después de despertar. Se sube a una báscula que mide su composición corporal. Se expon
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