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El barco del exilio español de Neruda: "Nos obliga a preguntarnos qué puertos estamos dispuestos a abrir hoy"

elDiario.es · hace 10 días
Los directores Beñat Beitia y Elio Quiroga llevan al cine ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’, que relata la travesía que se vio obligado a hacer un sindicalista español junto a su hija pequeña ante el triunfo de los golpistas en 1939El refugio antiaéreo que une la Guerra Civil con Cervantes: "Mucha gente decía conocerlo, pero esa memoria estaba distorsionada"

Se vieron obligados a huir como fuera. Aun sin sus más preciadas pertenencias, mientras dejaban atrás sus casas y pequeñas posesiones, casi con lo puesto, y hasta con familiares que se quedaban en tierra. Miles de españoles encontraron en los barcos del exilio la única escapatoria al avance de las tropas sublevadas durante la Guerra Civil. Nombres propios como los de Stanbrook, Ronwyn, Lézardrieux, Sinaia, Cuba y Volendam grabados en el casco de las naves zarparon de distintos puertos con un solo objetivo: que aquellos perseguidos por la violencia pudieran escapar.

Entre aquellos buques se encontraba el renombrado Winnipeg, al que homenajea una película, que adapta una novela gráfica de Lucía Martel. “Recordar aquello nos obliga a preguntarnos qué puertos estamos dispuestos a abrir hoy”, adelanta Beñat Beitia, uno de los directores del film.

‘Winnipeg, el barco de la esperanza’ cuenta la historia de esta nave fletada con la ayuda de Pablo Neruda, que partió del puerto de Pauillac el 4 de agosto y arribó en Valparaíso el 2 de septiembre. Chile, por entonces gobernado por Pedro Aguirre Cerda, no fue el único que recibió a refugiados, sobre todo niñas y niños, que pretendían salvarse de los horrores de la guerra que había estallado en julio de 1936.

“Hubo varias expediciones marítimas que trataban de proteger a la población civil republicana. México, la Unión Soviética o Reino Unido recibieron solidariamente estos contingentes y muchos de ellos no regresaron nunca a España”, explica Jorge de Hoyos, profesor del departamento de Historia Contemporánea de la UNED y uno de los mayores estudiosos de los barcos del exilio.
Los últimos de Alicante
Juan Martínez Leal, historiador jubilado y miembro del Archivo de la Democracia de la Universidad de Alicante, ha estudiado en profundidad la realidad que vivieron los barcos del exilio al final de la guerra, sobre todo aquellos cuyo destino fue el norte de África. Su investigación se centra en lo sucedido en Almería y la Comunitat Valenciana a partir de los sucesos del 5 de marzo en Madrid, cuando el coronel Segismundo Casado intentó derrocar al Gobierno republicano de Juan Negrín mediante un golpe de Estado.

A partir de ese momento, Alicante se convirtió por su posición central y más alejada de los frentes en la puerta de evacuación durante marzo de 1939 de los barcos más importantes. El 1 de abril terminó la guerra. “Se dieron trágicos sucesos en el puerto. Cuando ya habían zarpado los barcos, seguía llegando gente pensando que podría haber más. Miles de personas quedaron atrapadas en el puerto, hechas prisioneras por las tropas de ocupación franquistas, tanto por tierra como por mar”, ilustra Martínez. Detuvieron en masa a unas 15.000 personas.

Según sus datos, fueron más de 50 naves las que aquellos días de marzo zarparon desde Alicante, entre los que se contaban también barcos de pesca y pequeños navíos, además de grandes buques mercantes. Entre los segundos se encontraba el SS Ronwyn, que el 12 de marzo partió hacia Orán con 646 pasajeros a bordo.

La jornada en que los sublevados se hicieron con Madrid, el 28 de marzo, también con destino a Orán, partió el barco Lézardrieux con más de 500 refugiados seleccionados por el Frente Popular de Valencia. Entre los pasajeros se encontraba un grupo selecto de periodistas y redactores de la prensa comunista y de izquierda, además de muchos oficiales y jefes del Estado Mayor, alcaldes, consejeros provinciales y diputados.

El mismo día que este último, partió de Alicante a las 23 horas otro buque más conocido, el SS Stanbrook. Fletado por la Federación Socialista Provincial de Alicante, acogió a bordo a entre 2.638 y 3.028 pasajeros apretujados por todas partes, desde las bodegas y las sentinas y las cubiertas hasta el palo mayor, tal y como recoge el mencionado Archivo de la Democracia. En esas condiciones navegó hasta Orán donde los pasajeros, excepto las mujeres y niños, fueron retenidos en el barco casi un mes en deplorables condiciones.

Martínez recalca que lo sucedido con estos barcos “fue una epopeya realmente dramática” para aquellas personas que habían perdido una guerra, se exiliaban y no sabían con certeza qué les depararía el destino más próximo. El historiador admite que es difícil cerrar una cifra, pero sostiene que en torno a 12.000 personas en total pudieron abandonar España gracias a estos barcos.
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