La autora que teoriza por qué el amor es política: “Romper con la monogamia es liberador pero no tumbará el capitalismo”
elDiario.es · hace 3 días
La periodista alemana Şeyda Kurt analiza en ‘Ternura radical’ cómo conceptos que damos por naturales como enamorarse, casarse, formar una familia o ser monógamos hay que entenderlos en contextos sociales y también ideológicosEl último Rincón de pensar - 'España contra el desierto': la batalla por el futuro energético
¿Hacemos política cuando amamos? Por muy contradictoria que pueda resultar esta pregunta, la escritora y periodista Şeyda Kurt (Colonia, 1992) está convencida de que esto es así.
Kurt, una de las voces más interesantes e incisivas de las letras germanas, aborda esta pregunta en su primer libro publicado en castellano Ternura radical (Siglo XXI, 2026), escrito originalmente en 2021.
Hija de inmigrantes de origen turco, la mirada de Kurt conecta la teoría política o filosófica con su propia experiencia personal, dando lugar a un ensayo con tintes autobiográficos en el que trata de desmontar la ilusión de que nuestros amores y desamores se encuentran en un ámbito privado alejado de toda creencia ideológica.
¿Por qué dice que el amor es político?
En tiempos de convulsión política e incertidumbre, mucha gente se refugia en el amor. Pero este paraíso no existe en el vacío, está inmerso en las lógicas y sistemas de opresión que estructuran cómo nos relacionamos entre nosotros: el capitalismo patriarcal y racial, la cuestión de a qué cuerpos tenemos derecho a acceder o quién es considerado siquiera digno de amor. Y, por supuesto, la propia idea del amor romántico como la forma definitiva de relación, en cuyo nombre descuidamos todas las demás formas de vínculo.
Decir que algo es político también significa, para mí, que los términos, conceptos, autodefiniciones y definiciones externas, así como todas las relaciones en las que se enmarca nuestra comprensión del amor, son creaciones humanas. Que estas ideas tienen una historia ligada a la dominación, la lucha política, la liberación y la emancipación. Y que, en este sentido, también se pueden cambiar, si luchamos por ello.
¿Hasta qué punto conceptos que damos por naturales como enamorarse, casarse, formar una familia o ser monógamos son construcciones históricas y sociales?
El amor romántico, por ejemplo, es una invención muy moderna. La idea de elegir a alguien para casarse por deseo emocional o sexual solo surge en el seno de la burguesía en el siglo XVIII. Por un lado, es una idea progresista, que se libera de las ataduras materiales de la propia clase o de la autoridad paterna. Al mismo tiempo, es un concepto bastante burgués, reservado a unos pocos individuos masculinos y propietarios.
Las estructuras relacionales siempre han sido objeto de disputa política, y lo siguen siendo hoy en día. En los últimos años, la derecha global también ha invocado cada vez más estos roles en sus esfuerzos de movilización: a través de la estética de las tradwives y una hipermasculinidad que supuestamente debe rescatar a la mujer blanca europea de presuntos invasores musulmanes. Todo ello mientras socavan simultáneamente los valores tradicionales y conservadores y promueven una hipersexualización de la vida pública. Basta con mirar a Trump.
El libro sugiere que el amor también es trabajo y que nuestras relaciones están moldeadas por el tiempo, el dinero, la dependencia y las condiciones materiales de vida. ¿Cómo funciona esa relación?
Silvia Federici, Selma James y otras feministas marxistas acuñaron una frase en la década de 1970 como parte de su campaña Sueldo para el Trabajo Doméstico: “Lo llamáis amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”. Su objetivo era exponer cómo, bajo el nombre de amor femenino o materno, el trabajo doméstico (y emocional) se naturaliza: un trabajo que, bajo el capitalismo patriarcal, se distribuye deliberadamente de forma desigual y se devalúa, a pesar de ser al mismo tiempo de fundamental importancia.
Este tipo de trabajo no pagado garantiza la reproducción, el cuidado y el mantenimiento de los trabajadores, asegurando así la mercancía más importante del libre mercado: la fuerza de trabajo. Sin la sopa en la mesa, sin los calcetines remendados, sin el consuelo y el rol materno, los trabajadores no podrían presentarse listos para la fábrica o la oficina al día siguiente. Este trabajo no pagado realizado en nombre del amor se ha intensificado hoy en día.
Por otro lado, uno de los mayores factores impulsores de la violencia machista es la dependencia material de las mujeres: el no poder encontrar un piso propio, por ejemplo.
¿Qué papel han jugado el patriarcado, la propiedad, la herencia y el colonialismo en el establecimiento de la pareja monógama como norma?
La norma de la monogamia estuvo entretejida con las relaciones patriarcales de posesión y propiedad mucho antes del capitalismo. Y, naturalmente, esto siempre ha tenido mucho que ver con la pregun