La agonía de los viejos gigantes y el nacimiento de pequeñas "islas": ¿ha llegado el fin del sistema de partidos en Alemania?
elDiario.es · hace 3 días
Los dos grandes partidos de Alemania, conservadores y socialdemócratas, han pasado de concentrar el 90% del voto en los años 70, hasta el 69% en 2005 y el 49% en 2025
“Desastre”. El reloj marcaba las 18:13. Minutos habían pasado del cierre de las mesas de votación y el canciller alemán Friedrich Merz salía a valorar lo sucedido en las elecciones de Berlín y de Mecklemburgo-Antepomerania. Fue en esta última región, ubicada en el noreste del país en los territorios de la antigua RDA, donde sucedió lo imposible: la Unión Demócrata Cristiana (CDU) no fue capaz de superar el 5% de los votos y con eso quedó fuera un parlamento regional por primera vez en la historia. El triunfo se lo volvía a quedar AfD, como dos semanas atrás había sucedido en Sajonia-Anhalt, otra región del este. Mientras tanto, en Berlín, su partido también era derrotado, en este caso por Die Linke. Con casi diez puntos menos que en 2023 y una distancia de casi siete puntos respecto a la izquierda, el partido del canciller debía conformarse con el segundo lugar.
¿Por qué Merz salió tan rápido a enfrentar a la prensa? Puede haber sido una jugada para imponer su propio encuadre de lo sucedido antes de que lo hicieran otros, o un intento de apagar, al menos por esa noche, una eventual revuelta interna. Ambas hipótesis apuntan a analizar cómo sigue este gobierno. Sin embargo, el impacto de fondo de estas elecciones pide una mirada más amplia que ponga en perspectiva el proceso que se viene configurando desde hace años y que hoy parece llegar a su punto de inflexión: el fin del sistema de partidos tal como lo conocíamos en Alemania. En su lugar, asoma algo que se parece más a un archipiélago, con islas de votantes que tienen demandas muy concretas y un partido para cada una.
El viejo sistema
Durante décadas la política alemana funcionaba según los movimientos de tres grandes siglas: CDU, SPD y FDP. Tanto la CDU como el partido socialdemócrata (SPD) eran los grandes jugadores, los que lideraban el proyecto político según quien llegara al gobierno. Eran los partidos mayoritarios (Volksparteien en alemán), también conocidos como “catch-all-parties”. Poseían la capacidad de conquistar electorados de forma transversal más allá de la edad, la procedencia geográfica, el oficio o la formación. Tenían sujetos políticos amplios y construían una representatividad muy persistente que desembocaba en la configuración de un “voto cautivo”.
El peso de ambos partidos era tan importante que, durante los años 70, en conjunto reunían más del 90% de los votos. Los liberales (FDP) completaban la cuenta, aunque su rol no dejase de ser fundamental: eran la llave de gobernabilidad, ya que decidían con quién formar coalición y conformar el siguiente gabinete. En resumen, se había constituido una lógica relativamente simple en la que el votante optaba entre dos visiones de país: centro-derecha o centro-izquierda.
En los años 80 comenzaron los cambios. La aparición del Partido Verde aportó cierta complejidad, aunque nunca puso en riesgo el sistema de dos grandes conglomerados ordenados a ambos lados del espectro político. Después de la Reunificación y tras una escisión importante en la formación socialdemócrata a mediados de los 2000 surgió Die Linke (La Izquierda). Su incorporación al sistema de partidos inició un proceso de fragmentación que ya era moneda corriente en otros países en Europa. No obstante, el peso de los grandes se sostenía: en 2005, el SPD y la CDU en conjunto superaban el 69% de los sufragios.
El canciller alemán y líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Friedrich Merz, asiste a una rueda de prensa en la sede del partido CDU. EFE/EPA/FILIP SINGER
El quiebre se dio con la llegada de la ultraderecha de Alternative für Deutschland (AfD). Primero en el este y posteriormente en el resto de la república, AfD rompió aquella lógica, y lo hizo en al menos dos aspectos.