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45 años después de Stephen King, Mariana Enriquez reflexiona sobre el terror: “No es metáfora, es descripción de la realidad latinoamericana”

Infobae · hace 3 h
En Conversación con la oscuridad, Mariana Enriquez desarrolla una poética del terror que pasa por Lanús, la ESMA y el cadáver de Evita. Es un libro de no ficción que se lee como el reverso latinoamericano de Danza macabra, el ensayo con el que Stephen King quiso responder, en 1981, por qué escribía lo que escribía.El 4 de octubre de 1957 Stephen King acababa de cumplir diez años y estaba en el Stratford Theater, en Connecticut, viendo Earth vs. the Flying Saucers. En el último rollo, cuando los platillos atacaban Washington, la película se cortó. El gerente subió al escenario y anunció que los rusos habían puesto un satélite en órbita. Con esa escena abre Danza macabra, y King dice que ahí empezó para él el verdadero terror, el que no venía de la pantalla. Mariana Enriquez tiene su propia versión de esa tarde. Después del Nunca Más, cuenta, las revistas argentinas empezaron a publicar en tapa lo que había pasado en esos años. En una aparecía un hombre frente a la Escuela de Mecánica de la Armada, con la frase “yo secuestré, yo mandé torturar en la ESMA”. Palabras como “torturar” la obligaron a buscarlas en el diccionario. Esa búsqueda, escribe, marcó la infancia de una generación que conoció el terror político siendo chica.Los dos chicos aprenden lo mismo: lo que da miedo de verdad llega por las noticias. Cambia el tiempo verbal. El miedo de King en 1957 era el de lo que podía pasar: la bomba, el cielo ocupado por los soviéticos. El de Enriquez es el de lo que ya había pasado y nadie terminaba de nombrar. El suyo es un terror del después, y el libro entero gira alrededor de esa diferencia.El origen del libro explica su forma. La editora Inti Soledad Bustos partió de un archivo de más de sesenta horas de charlas, conferencias, entrevistas y clases que la escritora argentina dio en distintos países. A eso sumó largas videollamadas entre Mendoza y Tasmania, donde vive hoy la escritora, y el trabajo con Juan Casamayor, de la editorial Páginas de Espuma, en Madrid. Bustos llama a su tarea “una humilde operación de necromancia”: tomar esa materia oral y darle un cuerpo. Por eso el libro no tiene capítulos sino cinco “vértebras”: espacios, tiempos, subjetividades, cuerpos y trauma. El título aclara este origen oral, conversatorio.
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