Adaptarse a un nuevo monoplaza implica replantear aquello que antes marcaba la diferencia en la Fórmula 1. Los Ferrari de 2026 exigen una conducción distinta a la de la generación anterior. Utilizar el acelerador para estabilizar el auto durante la frenada consume energía de la batería, un recurso mucho más valioso en las rectas, donde puede traducirse en una mayor ganancia de tiempo por vuelta. Así como Lewis Hamilton debió adaptar su conducción al Ferrari de 2025, Charles Leclerc afrontó el desafío inverso. Lo que antes era una virtud de su estilo dejó de ofrecer el mismo beneficio.