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Carlos Madrigal: "Los incendios forestales han dejado de ser un problema ambiental, ya son un problema de protección civil"

elDiario.es · hace 8 h
Este ingeniero forestal advierte de que la sociedad no es consciente de los riesgos que presentan los incendios en general y sobre poblaciones en la naturaleza en particular; también advierte de que hay que actuar sobre el terreno desde el mismo momento que se apaguen las llamas para mitigar el dañoLa era de los ‘superincendios’ desata la emergencia en España
Los incendios de Ávila y Madrid han tocado a Carlos Madrigal (1980) por partida doble. Aunque el decano territorial de Madrid del Colegio Oficial de Ingeniería Técnica Forestal ya nació en esta comunidad, su familia paterna es originaria de Cebreros, uno de los municipios más afectados por los fuegos, y él creció paseando por esos bosques y bañándose en los ríos de la zona. Hoy, el vecino Carlos ve desolado cómo el pueblo “ardió por completo” y muchas familias, muchos conocidos, han perdido sus casas o sus negocios.

El ingeniero forestal también sufre por los efectos de las llamas. “Se ha perdido una zona de un valor incalculable”, sostiene. Y las consecuencias de los incendios apenas acaban de empezar, advierte. Cuando se apague el fuego quedará la ceniza, que con la lluvia irremisiblemente acabará en los ríos y de ahí, a los pantanos cercanos, con un gran riesgo de desastre ecológico.

A Madrigal le preocupa especialmente la relación de la sociedad con el fuego y los grandes incendios. La falta de información y de consciencia de lo que implican. “Tenemos que entender dónde nos encontramos. No sabemos qué es un incendio forestal ni qué consecuencias puede tener. Estoy convencido de que ni una sola de las personas que ha perdido la casa era consciente del riesgo”.

Un riesgo que aumenta con el paso de los años y que, en su opinión, ha cambiado la manera de abordar los fuegos. “Los incendios forestales han dejado de ser un problema de protección de la naturaleza para convertirse en un problema de protección civil, de protección de las vidas de las personas”, dice Madrigal.

¿Qué implica este cambio?

Las dimensiones y el comportamiento que están adquiriendo los incendios, tan extremos y tan difíciles de apagar, nos crean un problema de protección de la población. Lo estamos viendo: cada pocos kilómetros tenemos que evacuar un municipio, una urbanización o un lugar donde hay personas.

Como sociedad tenemos que entender que, si hay un incendio forestal en la zona donde estamos, podemos vernos directamente afectados. La inmensa mayoría de la gente no es consciente del peligro que corre cuando compra o construye una casa en ese sitio idílico, rodeado de árboles, con un solo camino de entrada y salida. Hasta que la situación se convierte en un desastre, con viviendas quemadas o afectadas. Estoy convencido de que ni una sola de las personas que ha perdido la casa era consciente del riesgo.

¿Qué tienen que hacer esas personas que viven en zonas de riesgo, en la ínclita interfase urbano-forestal?

Al final se trata de un problema de autoprotección, de protegernos a nosotros mismos, a nuestros vecinos y a nuestras familias.

Hay dos aspectos determinantes en esta cuestión. Lo primero es saber que ese riesgo existe y hay que tomar una serie de medidas individuales. La parcela debe estar desbrozada, limpia de pasto alto o matorral para evitar que el fuego tenga continuidad hasta la vivienda. También hay que retirar materiales inflamables como sillas, toldos, persianas o la leña acumulada para el invierno, y mantener limpios los tejados.

Es muy habitual ver viviendas dentro de pinares con los tejados llenos de pinocha. Eso es un combustible que arde perfectamente y puede hacer que el fuego entre en la vivienda. Y, en el peor de los casos, si una persona tiene que confinarse, debe bajar las persianas, cerrar puertas y ventanas y tapar las rendijas con trapos húmedos para impedir la entrada de humo.

Ha dicho que había dos elementos. ¿El otro?

Lo más importante es lo colectivo. La normativa obliga a municipios, urbanizaciones e infraestructuras situadas en zonas de alto riesgo a disponer de planes de autoprotección. El problema es que muchas veces esos planes se quedan guardados en un cajón.

Hay que ejecutarlos: eliminar el combustible de los primeros 100 o 200 metros junto al monte, tener un plan de evacuación, un director del plan en contacto permanente con la dirección de extinción y que toda la población sepa por dónde evacuar, dónde puede con
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