Solo una posición de firmeza, clara, consistente y creíble, ante Marruecos podrá frenar esta falta de respeto a los acuerdos y a la convivencia entre vecinos. Y en esa posición se debe exigir a la Unión Europea el apoyo absoluto e incondicional. Los que se juegan la vida para alcanzar territorio español son los que menos culpa tienen
Ceuta: lo que no es y lo que sí es
El asalto que ha sufrido la ciudad española norteafricana de Ceuta por parte de una descomunal masa de emigración descontrolada, proveniente de Marruecos, es el peor de su ya difícil historia, superando con mucho el de mayo de 2021. Alrededor de 50.000 personas habrían accedido al enclave español en apenas dos días, la mayoría desde el mar, salvando a nado el espigón de El Tarajal que lo separa del territorio marroquí, pero después, en medio del caos y el desbordamiento de las fuerzas de seguridad existentes, también por las fronteras terrestres. Incluso ha habido una cierta réplica en Melilla con algunos centenares vulnerando la frontera para acceder a territorio español.
Ceuta se ha visto sumida en una grave crisis, también de seguridad, pero sobre todo humanitaria, porque no podía absorber a los recién llegados. La ciudad carece de medios, no tiene servicios sanitarios o alimenticios, ni de alojamiento, para hacer frente a tal cantidad de gente. El resultado ha sido una multitud de emigrantes, en su mayoría jóvenes, caminando sin rumbo o durmiendo en las calles, intentando obtener comida o incluso agua, en medio de una población autóctona asustada. Ante esta falta de recursos, o quizá porque se lo ordenaron, la mayoría de los que entraron regresaron a Marruecos apenas un día después, pero aún quedan en la ciudad suficientes para que la crisis no se dé por terminada. En todo caso, ya se puede extraer una primera lección: es necesario disponer de depósitos de alimentos no perecederos, agua, ropa, y capacidad de reparto, no solo en Ceuta, sino en todas las ciudades, para hacer frente a una emergencia porque pueden surgir en cualquier momento, y no solo migratorias sino de muchos tipos.
El Gobierno ha dado la impresión de haber sido sorprendido por una crisis de esta envergadura; se ve que los servicios de inteligencia españoles no son capaces de prever incidentes tan masivos como éste. Tardó horas en reaccionar, pero finalmente lo hizo, el propio presidente se desplazó a Ceuta, se enviaron refuerzos de seguridad a las dos ciudades, y se puso en marcha una presión diplomática sobre Marruecos que empezó a dar resultados con un aumento de la acción policial, bastante tímido hasta que llegaron órdenes (¿de quién?) de actuar con contundencia sobre los querían pasar a territorio español, y entonces todo se acabó, salvo pequeños grupos que se resistieron a abandonar
Como siempre que hay una crisis sobrevenida, como en la pandemia, como en los incendios, la oposición, lejos de colaborar, de aportar soluciones, de acceder a un consenso para buscar una posición común aceptable para todos, no solo coyuntural sino de futuro, aprovecha para atacar al Gobierno -en particular a su presidente- y culparle de lo que pasa, aunque sea con argumentos falsos, contradictorios o absurdos, dirigidos a un público muy bien dispuesto a respaldar cualquier acusación o invectiva contra él. En este caso, además, con especial fruición pues la cuestión migratoria es tal vez el arma política principal a la que recurren para obtener réditos electorales. Es fácil provocar el miedo o el egoísmo de la gente esgrimiendo tópicos como la invasión, que en Ceuta ha sido una realidad, pero para España son solo unos pocos miles de personas en un país con casi 50 millones de habitantes -de los cuales la inmensa mayoría de los más de 10 millones nacidos en el extranjero están perfectamente integrados- o el aumento -absolutamente minoritario- de la delincuencia. Demagogia populista.
La acusación principal contra el Gobierno es la inacción, si bien no dicen muy claro qué debería hacer y no está haciendo, salvo decretar la emergencia nacional, aunque el Sistema Nacional de Protección Civil no reconoce los flujos migratorios entre los supuestos que permiten declararla. Se podría acudir a la Ley de Seguridad Nacional, pero esto implica elevar el nivel de la crisis, que por el momento solo es un problema de orden público y logístico, y probablemente aumentar la tensión con Marruecos. Por otra parte, la declaración