Familias rotas y angustia en la búsqueda de los desaparecidos tras la tragedia de Ceuta: "No sabemos dónde están”
elDiario.es · hace 10 h
En Marruecos, la desesperación de los familiares y amigos que no localizan a sus seres queridos aumenta a medida que sube el número de cuerpos sin vida localizados en el agua, que ya asciende a 67, mientras muchos se aferran a la esperanza de que no tengan teléfono móvilEn la calle, exhaustos y sin comida: los migrantes que siguen en Ceuta tras el regreso de decenas de miles a Marruecos
En una pequeña barriada de las afueras de Tánger, la familia de Mohamed Bouzalmet no puede contener los nervios. Se enteraron de que el joven, de 24 años, había tratado de cruzar a Ceuta desde la vecina localidad marroquí de Castillejos el pasado jueves, cuando un amigo con el que había emprendido el trayecto a nado se puso en contacto desde el hospital de la ciudad autónoma.
La reacción de su padre fue acudir al lugar el viernes y cruzar la frontera con España para tratar de buscarle, sin éxito. “Es un caos, pasó mucha gente y no hay información suficiente”, cuenta también desesperado un amigo de la familia, que habla algo de español y relata a elDiario.es la situación.
Su pesar lo comparten muchas personas en el lado marroquí de la frontera. Seres queridos que se fueron –avisando o no a los suyos de que partían para nadar hacia Ceuta– y no se han puesto en contacto con sus familias y amigos. La angustia se agrava a medida que aumenta el número de cuerpos sin vida localizados en el agua, pero muchos allegados se aferran a la esperanza de que no tengan teléfono móvil, algo común entre los migrantes que han cruzado en estos días desde Marruecos de forma irregular.
Miembros de la Guardia Civil –en concreto de la unidad subacuática, los GEAS–, junto a otros del Servicio Marítimo llevan toda la semana peinando las aguas de la bahía sur en busca de cuerpos. Su actividad se intensificó desde el jueves, momento en el que las decenas de miles de personas migrantes –en su mayoría jóvenes, pero también familias y menores– flanquearon el perímetro fronterizo a través del litoral. Hasta este mediodía, habían aparecido un total de 67 cadáveres, según el Instituto Armado, que cree que las cifras seguirán creciendo. Otros recuentos elevan las vidas perdidas en la tragedia a 90, según informa la Cadena Ser, que ha hablado con un hombre, Mohamed, que asegura que “vio hasta cinco o seis personas morir frente a los militares” y cuenta que las víctimas fallecieron porque había mucha gente en el agua.
Fuentes de la Guardia Civil dicen a elDiario.es que muchos se ahogaron en los picos de mayor trasiego, “cuando se produjo una avalancha de personas tratando de subir desde el agua, por las piedras, al último espigón que ya da acceso a suelo español”. La marea arrastró “muchos de los cuerpos a la orilla”. Otros, indican compañeros de quienes se encargan de sacarlos del agua, acaban saliendo a flote. Los restantes, como siete que aparecieron este mismo sábado, son localizados por los GEAS en labores de buceo.
Pero, además de buscar fallecidos, esta unidad también ha ayudado a colocar este sábado un entramado de boyas de 500 metros que sirven como añadido al espigón, con el objetivo de ejercer de barrera para evitar nuevas entradas. Las organizaciones especializadas temen que la pretensión de este nuevo elemento sea retomar las devoluciones en caliente de quienes intentan acceder a nado tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo que puso fin a esta práctica en el mar, hasta entonces sistemáticas.
“Solo esperamos que aparezcan pronto”
Mientras la nueva barrera anaranjada comenzaba a vislumbrarse desde la localidad marroquí Castillejos, un grupo de mujeres se encontraba a escasos metros del control policial para intentar obtener algo de información o, en un golpe de suerte, localizar a sus hijos, cuyo paradero desconocían. Una lloraba desconsoladamente, mientras que otra, más contenida, iba recogiendo sus lágrimas en un pañuelo. “No sabemos dónde están. Solo esperamos que aparezcan pronto”, decía una de ellas a un policía. Decenas de jóvenes continuaban pasando frente a las mujeres, que no podían evitar preguntarles cuántos quedaban por llegar desde Ceuta. “Somos muchos. Ahora llegarán, si Dios quiere, señora”, respondió uno de ellos.
Buscaba una vida mejor y que con su trabajo en Tánger no le llegaba para que su entorno saliera adelante