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Asociación Nacional del Rifle: un tiro en el pie de la democracia
elDiario.es · hace 15 h
En Columbine, días después de la masacre, el actor Charlton Heston, entonces presidente de la ANR, se negó a suspender la convención anual de la organización que ya estaba programada. El olor a sangre, saben, despierta miedo y la inseguridad es el reclamo para adquirir un arma
El fin último de un libertario es hacer justicia por mano propia. Si se reduce el Estado a su mínima expresión, teniendo en cuenta que este no es el fin ya que el propósito final es extinguirlo definitivamente, ¿quién imparte la seguridad y la justicia? Uno mismo. Entonces, ¿cómo no tener un arma?
Breve digresión. Los libertarios anarquistas y los (neo)libertarios, son cosas muy distintas, obviamente. El contexto actual no es el de España de comienzos del siglo XX cuando la causa libertaria se asociaba con Buenaventura Durruti. En nuestros días, al hablar de libertarios se significa a los seguidores de Murray Rothbard, quien capturó el término al esbozar lo que llamó el anarcocapitalismo, un sistema que, como se sabe, propone abolir el Estado de manera radical, delegando en el mercado el suministro de seguridad y justicia. Javier Milei es seguidor de esta doctrina y en su marco teórico está el libertarismo de Rothbard. A uno de sus perros le ha puesto Murray.
La Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos [NRA por sus siglas en inglés] se encuentra hoy más cerca de este presupuesto ideológico que del de sus fundadores, un grupo de veteranos del Ejército de la Unión preocupados por la incapacidad de disparar con precisión que demostraron los soldados en la Guerra Civil. Viajaron al Reino Unido y desde allí trajeron el modelo británico para promover un sistema de tiro competitivo. Nadie pensaba entonces en la Segunda Enmienda de la Constitución que permite a los ciudadanos poseer armas. Las portadas de la revista de la NRA a lo largo de aquellas décadas así lo demuestran.
En los números de The American Rifleman, durante la primera mitad del siglo pasado, se alternan diferentes ilustraciones que exhiben escenarios naturales como los que se pueden ver en cualquier portada de la revista española Jara y Sedal. Pero si damos un salto hasta los años noventa, nos encontramos con escenas dramáticas, más cercanas a la caza ideológica que a la cinegética. En un número de 1994, se ve una ilustración en la que un hombre –supuestamente un liberal–, toma con violencia por detrás a la estatua de la libertad y le tapa la boca con toda la impronta de un ultraje. “Paremos la violación de la libertad”, piden desde el titular.
¿Cuándo se produjo esta inflexión, de las prácticas de tiro a la pretensión de tomar el Estado? En la década de 1970 un grupo disidente que consideraba que el debate sobre las armas perdía impulso, consiguió hacerse con el poder y desde entonces, el sujeto de la organización pasó a ser la portación de armas y la Segunda Enmienda, una bandera que antes estaba desatendida, no deja de flamear.
Hay dos hitos políticos que han impulsado el nuevo carácter disruptivo de la NRA. El primero, el vínculo con la presidencia de George W. Bush, favorable a las armas, que asumió las posiciones de la organización. El segundo y definitivo, la relación con las administraciones de Donald Trump, a quien, la NRA aportó para la primera campaña electoral treinta millones de dólares. Se entiende, a partir de este gesto, que el lazo que les une sea muy estrecho.
La Asociación Nacional del Rifle, con su carga de violencia narrativa y como correlato de los baños de sangre periódicos, es una figura estelar en el paisaje americano.
Cliven Bundy es un ganadero de Nevada que en 2013 se enfrentó con los agentes federales por el uso de terrenos del Estado para el pastoreo de sus vacas durante dos décadas. La Oficina de Gestión de Tierras (BLM por sus siglas en inglés) decidió confiscarle el ganado por una deuda superior al millón de dólares en tasas impagas. Desde todos los rincones de Estados Unidos se acercaron integrantes de una autodenominada “milicia ciudadana”, cuyos miembros armados defendieron a Bundy “de la tiranía del Gobierno”, tal como él lo expresa. Los agentes se retiraron temiendo una masacre. Hasta hoy, más de una década después, en la que el ganando sigue pastando indiferente al mundo que lo rodea y bajo la mirada de Cliven Bundy. “Quizás seamos el lugar más libre de
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