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Medio siglo de rebeldía jornalera en Andalucía: el SOC celebra este mes su 50 aniversario en Marinaleda
elDiario.es · hace 8 h
Paco Casero, Pepi Conde, Diego Cañamero y Óscar Reina rememoran los 50 años de la constitución del que fue el primer sindicato en legalizarse en Andalucía y que ayudó cambiar la realidad del campo y a impulsar la propia autonomíaHemeroteca - Diego Cañamero dejará el liderazgo del SAT en octubre
El 1 de agosto de 1976 se conformó en Antequera la comisión que preparó la asamblea constituyente del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), poco después en Morón de la Frontera. “Fue en un convento, porque en aquellos tiempos hacíamos las reuniones en torno a la iglesia, no había otro sitio, y siempre con medidas de seguridad”, rememora Paco Casero, primer secretario general de la organización, que presidiría entonces Gonzalo Sánchez.
Junto a ellos, otros nombres impulsaron el que fue el primer sindicato en legalizarse en Andalucía. Figuras como el cura obrero Diamantino García, Diego Cañamero e incluso una mujer, Pepi Conde. Medio siglo después, los que todavía viven echan la mirada atrás con orgullo, pero también conscientes de la fragilidad de algunas conquistas.
El SOC va a celebrar este 50 aniversario los días 28 y 29 de agosto en Marinaleda, evento en el que espera participar Paco Casero, quien hoy preside la fundación Savia. Está convencido de que “la historia reciente de Andalucía no se puede escribir sin la presencia del SOC porque no sólo supuso una lucha por la dignidad y los derechos de los hombres y mujeres del campo, sino también en la reivindicación del autogobierno”. Recuerda en este sentido que siempre estuvo la bandera andaluza en sus marchas y movilizaciones, igual que apoyaron la huelga de hambre de Rafael Escudero.
De esos primeros años destaca especialmente el protagonismo de un pueblo, Lebrija, como “bastión de ruptura y a cuya gente tenemos mucho que agradecerle”. Se fueron sumando luego otros muchos municipios, pero insiste en ese papel de los lebrijanos en la construcción de este proyecto, que se extendió por la Sierra Sur de Sevilla, la Campiña, la Sierra de Cádiz…
Por eso lamenta la falta de reconocimiento por parte de las instituciones: “La realidad va por un lado y las instituciones por otro. Tienen una deuda con el campo, el de antes y el de ahora, donde por ejemplo Andalucía es referente europeo en agricultura ecológica. Pero nunca ha existido ese reconocimiento, por ejemplo con las Medallas de Andalucía. Puedo contar que a mí me la han ofrecido dos veces y las dos las he rechazado precisamente por esto, por el olvido de esa lucha del SOC”.
Menos conocido quizá es el papel que jugó entonces una mujer, en un entorno dominado por el machismo, pero donde sus compañeros no dudan en señalarla como una de las referentes. Pepi Conde recuerda a sus 78 años que sólo tenía 11 cuando empezó a trabajar en el campo. Era la mayor de cinco hermanos en una aldea de Almonte, Huelva, “y no quedaba otra porque con los jornales de mi padre no daba para toda la familia”.
Una mujer en la primera ejecutiva
Ese año de la fundación se convertiría en un miembro más de la primera ejecutiva del SOC, como también lo había sido de la coordinadora de su embrión, las Comisiones Jornaleras: “Yo era muy inquieta desde niña y tenía claro que quería algo más, no el papel tradicional reservado para las mujeres en aquella época. Por eso poco a poco me fui interesando por la política, el movimiento sindical”. En los estertores del franquismo era una vocación peligrosa: “La Guardia Civil me llevaba a cuartel casi a diario y yo era todavía menor de edad”.
Como estuvo trabajando en la aceituna y en la primera empresa de la fresa que abrió en Huelva fue llevando la movilización por todos los pueblos de la provincia: Chucena, Hinojos, Bollullos del Condado… Más tarde se trasladó a Sevilla, ya con 18 años, e hizo lo mismo. Recuerda que uno de los primeros logros fue la cartilla agrícola: “Las mujeres no teníamos, ten en cuenta que muchas estaban poco tiempo trabajando en el campo, cuando juntaban para el ajuar lo dejaban, pero era un derecho y peleamos por ello. Casi 300 mujeres nos pusimos en huelga”.
En un mundo de hombres, su vocación era complicada también por otras cuestiones: “Lo más doloroso para mí era la presión de las mujeres, que lo entiendo, porque yo estaba rompiendo con lo establecido. Pero recibía muchos insult
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