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Los vecinos de Pelayos y San Martín rehacen sus casas sobre las cenizas del incendio: “En quince minutos desapareció el esfuerzo de toda una vida”

elDiario.es · hace 16 h
Decenas de familias han vuelto estos días a sus casas con la incertidumbre de qué encontrarían tras el paso de las llamas: "Estoy seguro de que el pueblo saldrá adelante. Al final tenemos que agradecer que no haya muerto nadie y que las pérdidas sean materiales", dice optimista un vecino que ha perdido su hogarAsí se desencadenó el mayor incendio de la historia de España: radiografía del desastre forestal en Madrid y Ávila

La historia de Mariana Soimaru es de esas que no se olvidan. En el pueblo todos la conocen como Andreaa, una profesora particular de inglés que ejerce desde 2008 y que, desde hace diez años, convive con la fibromialgia. A pesar del dolor crónico que la acompaña cada día, hizo de una casa abandonada —entre San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, antigua propiedad de un matrimonio ya fallecido cuyo heredero sigue sin aparecer— el hogar que compartía con su perra Yuma y con los diecisiete gatos que rescató de una protectora de la zona que acabó cerrando. La primera vez que Andreea vio el fuego, las llamas estaban todavía a cinco kilómetros de distancia. Era solo un coche ardiendo al borde de la carretera, en un vídeo que le había enviado una amiga. Los bomberos ya trabajaban en la zona, pero en aquel momento nadie podía imaginar lo que sucedería después.

Apenas un día antes se había declarado un incendio en Almorox (Toledo), el mismo día en el que se inició el que ya es el mayor incendio de toda la historia de España, en Burgohondo (Ávila) que, según investiga el Seprona de la Guardia Civil, se originó por el uso de maquinaria pesada prohibida en la zona. El viernes 24 de julio, los dos focos activos en la Comunidad de Madrid —Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias— se fusionaron en un único incendio forestal, el de la Sierra Oeste, mientras el fuego de Burgohondo se extendía hacia la comunidad, y hacia Toledo y obligaba a evacuar once municipios más. El Gobierno declaró la emergencia nacional en Madrid, Ávila y Toledo.

En menos de una hora de iniciarse el fuego, Andreaa ya tenía el jardín cubierto de humo. Metió en casa a Yuma y a los gatos más sociables; los seis más asilvestrados vivían en un gallinero aparte. Cuando intentó sacarlos, el miedo los hizo esconderse y ella misma, dice, se quedó paralizada: “Las piernas dejaron de responderme”. Llamó tres veces al 112 mientras las llamas rodeaban primero el gallinero grande y después el pequeño, envuelto en un fuego “de una intensidad indescriptible”.

Entendió entonces que los gatitos de dentro no habían podido escapar. Cuando ya no pudo volver a entrar, una operadora del 112 le ordenó salir hacia la carretera. Dos servicios de emergencia la rescataron a ella y a Yuma en el camino y las trasladaron primero para recibir oxígeno y después al polideportivo de San Martín, convertido en centro de acogida para los evacuados.

El 29 de julio volvió de nuevo a casa. El acceso seguía restringido, pero les permitieron entrar unas horas. “Cuando me quedé sola me derrumbé” cuenta. La casa, dice, no era lo importante: lo importante eran sus animales. Ese día durmió al aire libre, junto al gallinero. En los dos días siguientes aparecieron otros dos gatos: son ya seis los supervivientes. Faltan dos, y Andreaa no pierde la esperanza de encontrarlos.

“En apenas quince minutos desapareció el esfuerzo de toda una vida”, resume. Ha perdido la casa, los recuerdos, los documentos, los libros de inglés, todo lo que había construido en sus años en la localidad. Solo quedan las cenizas y una vivienda que amenaza ruina: un amigo la revisó y le dijo que ya no tiene reparación. Ahora busca que le ayuden a encontrar trabajo y otro hogar para vivir con sus compañeros, mientras los vecinos le llevan todo lo que necesita para los animales y para ella misma.

Su historia es una más entre las de miles de vecinos de la Sierra Oeste. Según los últimos datos de la Comunidad de Madrid, el incendio afectó a San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa como dos de los municipios más golpeados; el 70% del municipio de Pelayos de la presa estuvo bajo las llamas. El fuego se ha dado por estabilizado, pero siete urbanizaciones de ambos municipios, en el entorno del pantano de San Juan, seguían sin poder ser habitadas.











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