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La vuelta de Olga y Javier a una casa en el epicentro del fuego: "Tardaremos 20 o 30 años en recuperar la zona"

elDiario.es · hace 10 h
Estos vecinos de La Iglesuela del Tiétar han visto su hogar acorralado por el fuego y su taller de carpintería devorado por las llamas: "Todos los años, en cada incendio cercano, llega el miedo de que el fuego entre. Hasta que entra"Así se desencadenó el mayor incendio de la historia de España: radiografía del desastre forestal en Madrid y Ávila

Un suelo ennegrecido revela lo que ocurrió: dos grandes lenguas de fuego que, gracias a la sangre fría y la fuerza de voluntad de los agentes y los voluntarios que lucharon contra la catástrofe, no se tocaron por apenas 20 metros.

Esto es lo primero que se han topado este miércoles en la localidad toledana de La Iglesuela del Tiétar Olga Azaola, una trabajadora en cooperación internacional de 56 años, y Javier Vázquez, un carpintero de 62. Recién aterrizada desde Nuakchot, capital de Mauritania, era la primera vez que Azaola acudía a la casa, después de que su hogar fuera pasto de las llamas. Para Vázquez, que ha pasado estos días con su hermano en el barrio madrileño de Carabanchel, sin embargo, era la segunda: la Guardia Civil se apiadó de él y le permitió acercarse este martes para dar de comer a unas gallinas que, creía, no habrían sobrevivido al fuego. Por eso, ella va descubriendo y él confirma:

—¡Se han quemado lirios!

—¡Si solo fuera eso!

Las cinco gallinas, para sorpresa de todos, siguen vivas a pesar de hallarse escondidas en una caseta de madera ubicada bajo un pino: no podían tener más papeletas para arder. Alguien se preocupó, además, de alimentarlas: “No le podemos estar más agradecidos a quienes cuidaron de la casa. Querríamos saber quiénes fueron”, comenta Azaola. Porque la vivienda de la pareja también sigue en pie. Y eso, a pesar de que se encuentra en la trayectoria de dos fuegos, uno que amenazó desde la parte trasera y otro que penetró en el patio por la puerta principal. El taller de Vázquez, sin embargo, es otra historia.
































Olga Azaola y Javier Sánchez, vecinos de La Iglesuela del Tiétar, que han visto su casa presa de las llamas



Ubicado a mano izquierda según se accede al patio, los agentes no pudieron hacer nada por salvarlo. Hoy, la estructura es un amasijo informe de hierro y ladrillo. En su primera visita, Vázquez solo se atrevió a mirar de reojo. Y eso que la situación no le pilló por sorpresa: en un vídeo de apenas tres segundos grabado por las cámaras que había en el interior, se puede ver las llamas entrar.

En su retorno al lugar, Vázquez al fin se acerca. Lo hace con el aplomo de quien ya se ha levantado de varias crisis. Lanza incluso alguna broma: “Al menos, tengo chatarra para vender”. Pero se impone el balance: un taller destruido que contiene aluminio fundido, alargadores quemados y máquinas como su escuadradora, un mecanismo que en los talleres de carpintería se usa para cortar linealmente y en escuadra, inservibles. En total, calcula, una pérdida de entre 50.000 y 60.000 euros. Es un golpe para Tinglao, la empresa de carpintería que dirige él mismo. Llegó a tener 14 empleados y ha diseñado y fabricado muebles, entre otros muchos clientes ilustres, para el arquitecto Norman Foster, premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

Porque, aunque se define como carpintero, Vázquez pertenece en realidad a la estirpe de los antiguos ebanistas, artesanos expertos en madera. Por eso, pocos mejores que él para explicar algunos de los males que asolan la zona: “Estamos rodeados de un pino resinero que antiguamente servía para hacer corcho.
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