La última mañana del campamento de El Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”
elDiario.es · hace 1 días
Keriz, Hassan o Hamza son algunos de los miles de migrantes que han abandonado entre la incertidumbre el campamento improvisado levantado en la playa para ser reubicados en espacios habilitados por las autoridadesPP y Vox redoblan su ofensiva contra el Gobierno por la crisis de Ceuta mientras niegan su ayuda para resolverla
Pasan unos minutos de las siete de la mañana cuando comienza un éxodo de miles de personas. Alrededor de 4.000 migrantes, entre los de origen magrebí y de países del África Subsahariana, reciben la orden de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional de dejar la Playa del Trampolín. En ese pedacito de litoral próximo a las instalaciones del CETI se levantaba hasta la fecha un campamento improvisado en el que se han alojado desde su entrada a España entre el pasado 30 y 31 de julio. El miedo y la incertidumbre se hace patente al abandonarlo.
“No sabemos qué va a ser de nosotros ni dónde nos llevan”, grita nervioso Ahmed, uno de los últimos en irse poco antes de las diez. Algunos abandonan hasta las chanclas por la acera que está frente al arenero. Allí quedan las construcciones en caña, madera y plástico que montaron para tener un techo y protegerse de las altas temperaturas.
Allí también queda una silla. Es la misma en la que hasta hoy mismo ofrecía cortes de pelo Keriz, un chaval de 24 años de Fez que trabajaba como barbero en Tetuán, a escasos quince minutos de Ceuta. Como tantos, acudió a Castilllejos para cruzar a España a través del Tarajal el pasado 30 de julio. “Llevo más de 20 días viviendo aquí”, cuenta a elDiario.es señalando a la playa.
Cuenta que comía “una vez al día”, por la noche, aunque tampoco se queja. Sí le perturba la incertidumbre, teme que le acaben devolviendo a Marruecos. “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver allí”, apostilla casi a modo de súplica. Justo se cruza uno de sus amigos del campamento improvisado, Hassan, que grita: “A Marruecos no, a Marruecos jamás”, mientras hace un gesto cruzando los brazos.
Hassan cruza los brazos como muestra de rechazo a su regreso a Marruecos.
Los agentes se llevaron primero a las personas de origen subsahariano. Lo hicieron cuando el sol apenas se alzaba. Pronto formaron una larguísima fila que embocaba hasta la barriada de Benítez. Según fuentes del Ministerio de Migraciones, la idea es trasladarlos a los campamentos levantados en Loma Margarita y en el embolsamiento de Loma Colmenar, espacio habitualmente usado para repartir tickets a quienes quieren cruzar en coche la frontera hacia Marruecos.
Sin embargo, los migrantes decían no saberlo, lo que generó nerviosismo. Al ver acercarse las decenas de furgones policiales, algunos salieron corriendo, mientras la Guardia Civil les mostraba el camino hacia la gigantesca fila humana que desfilaba abandonando el Trampolín. Muchos se iban con los bártulos. Con bolsas con ropa y otros materiales. Otros sin nada, e incluso había quien se escondía con éxito entre arbustos situados a pie de playa.
Con la marcha del grueso del primer grupo comenzaron a llegar los operarios de la empresa municipal de limpieza para tratar de recuperar la normalidad en la playa.
Hacia las once quedaban únicamente formadas dos columnas de migrantes esperando a ser trasladadas. Una junto al agua, la otra en el lado contrario de la carretera. En la primera se encontraba Vincent, el menor huérfano que en días previos animaba a otros jóvenes actuando con la cara pintada a lo Charles Chaplin frente a la Jefatura de la Policía Nacional, haciendo más amena su espera para su filiación. Aún hoy, con el mismo maquillaje, mantenía buen espíritu en pleno traslado, cargado con bolsas con los disfraces que había usado en días previos.