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La región "menos independentista de España" busca identidad: “Hay vergüenza de ser murciano”

elDiario.es · hace 1 días
La Enza Negra se reclama heredera de Antonete Gálvez y del cantonalismo murcianista de 1873, republicano y federal, y aspira, en palabras de Magius, a "un republicanismo de izquierdas y un federalismo de una república construida de abajo hacia arriba"Pannacionalismo murciano, huertanos batasunos y ciencia ficción política en la obra de Magius: “Apa Murcia Libre”
La Enza Negra nació como un grupo terrorista. Ficticio, eso sí: lo dibujó el ilustrador murciano Magius hace una década, pero este 2026 se ha materializado en una entidad real, aunque, conviene decirlo pronto, sin los atentados ni los sacrificios humanos. Y es que ser murciano nunca ha sido del todo una identidad: como mucho un acento, una denominación de origen o un estigma. En la Región gobierna el Partido Popular sin respiro desde 1995 y el murcianismo político rara vez ha pasado de rareza de peña de amigos o de bar universitario, y aquí, lo ha dicho el propio Magius, vive “la región menos independentista de España”.

A principios de diciembre de 2025, el dibujante hizo un llamamiento en redes sociales convocando un “foro político para hablar de la cultura y la identidad murciana” en el café Ficciones de la calle Fuensanta de Murcia. Se reunieron algo más de una treintena de personas: un número modesto para fundar una patria, pero nada desdeñable para un acto sin más reclamo que la palabra identidad. De aquella reunión salió algo más que una sobremesa. Semanas después, ya en 2026, la Enza Negra tenía documento fundacional, camiseta y página web. A la broma le habían salido estatutos.

Donde el chiste deja de serlo y la Enza Negra se presenta al mundo es en su documento R.O.S.E.N, su carta fundacional. La portada, diseñada en caracteres rúnicos y, en el centro, un sol de seis puntas naciendo de una media luna; el propio texto aclara que el símbolo está tomado de una estela del rey sumerio Ur-Nammu, de cuatro mil años de antigüedad, la gente que abrió las primeras acequias. Debajo, nueve rulas, reglas, un Consejo de Personas Buenas con zabacequieros y licero calcado del medieval Consejo de Hombres Buenos, y una república federal que ha de levantarse de abajo arriba, barrio a barrio y parroquia a cantón, hasta rematar en un supra-cantón: el Cantón Murciano, como el de 1873.

Lo llamativo más que el envoltorio arqueológico, es la tesis que lo sostiene. La segunda rula declara a los murcianos fruto de argares, iberos, romanos, sirios, árabes, catalanes y castellanos amontonados en la misma raíz; la sexta le declara la guerra al “españolismo cerrado y excluyente”. Es decir: una identidad murciana cuyo cimiento es, exactamente, la mezcla.
“Un querer, algo que tienes dentro”
Cinco meses antes de aquel foro del mes de diciembre, en julio de 2025, la Región de Murcia había ocupado titulares internacionales por el motivo contrario al de la mezcla, la inclusión y la multiculturalidad. Entre el 10 y el 15 de aquel mes, tras la agresión a un vecino de 68 años, por la que se detuvo a tres jóvenes de origen magrebí, Torre-Pacheco vivió varios días de violencia contra personas y negocios migrantes, en un municipio donde cerca de un tercio de los habitantes son extranjeros y buena parte sostiene, con su trabajo, la agricultura intensiva de la comarca. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, atribuyó los altercados a grupos de extrema derecha, Vox incluido; la Fiscalía llegó a investigar al líder murciano de Vox, José Ángel Antelo, por endosar la culpa a PSOE y PP. Nada permite trazar una línea recta entre una cosa y otra, y la Enza Negra tampoco la traza. Pero el contraste cuesta de ignorar: en la misma región y el mismo año, una parte de Murcia salió a excluir y otra, se juntó en un café para decidir que ser murciano consistía, sobre todo, en ser de muchos sitios a la vez.

Bajo el envoltorio arqueológico hay una posición política nítida, y de izquierdas. La Enza Negra se reclama heredera de Antonete Gálvez y del cantonalismo murcianista de 1873, republicano y federal, y aspira, en palabras de Magius, a “un republicanismo de izquierdas y un federalismo de una república construida de abajo hacia arriba”. El nombre apunta hacia esa misma tierra: enza no tiene traducción exacta al castellano; “un querer, algo que tienes dentro”, dice, y negra remite al color del suelo fértil, el que se esconde bajo el surco.

Magius tiene su propia explicación de por qué en Murcia lo propio pesa tan poco. Habla de que “hay vergüenza de ser murciano” y de desidia: “La huerta se la han cargado fácilmente y la gente no lo aprecia; no hay un sentimiento de colectividad”. Y remonta el desapego a la posguerra: Murcia fue zona republicana, hubo una fortísima represión, se fusiló y se purgó a maestros y a cargos públicos, y para cubrir los huecos se trajo a gente de fuera que, dice, acabó copando la universidad y los altos puestos de la cultura. De ahí viene, dice, un desprecio institucional por lo
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