A bordo del Galaxie hacia el eclipse: la tarde en la que el Mediterráneo se quedó a oscuras
elDiario.es · hace 9 días
elDiario.es ha seguido desde el mar el fenómeno astronómico que ha convertido durante un minuto y medio la bahía de Palma en una noche de agosto, rodeada de decenas de barcosEl eclipse pone contra las cuerdas las calas y espacios naturales de Ibiza: “Hay mucha gente que no respeta la isla”
El Sol de agosto cae con fuerza sobre el paseo marítimo de Palma y, a primera vista, la bahía parece una tarde cualquiera. Pero basta con acercarse al muelle para entender que no lo es. En el agua, los barcos comienzan a multiplicarse. Veleros, lanchas, catamaranes y embarcaciones de recreo se preparan para abandonar el puerto. Muchos, ataviados con prismáticos, gafas especiales y cámaras, llevan tiempo esperando este momento. Todos persiguen el mismo objetivo: encontrar un pedazo de Mediterráneo desde el que mirar cómo la Luna se come al Sol.
Entre ellos está el Galaxie, el velero desde el que elDiario.es ha seguido este miércoles el eclipse frente a las costas de Mallorca. Sus 21,5 metros de eslora destacan en el muelle mientras la tripulación de la Fundació Joves Navegants termina de preparar la salida. Se trata de una histórica nave recuperada y reconstruida por TrueWorld, convertida ahora en una embarcación de cero emisiones gracias a su sistema de propulsión 100 % eléctrica. Puede acoger hasta doce pasajeros y este miércoles ha transformado su habitual aula flotante en un observatorio privilegiado: durante unos minutos, la lección estará en el cielo.
La bahía parece prepararse para una cita que nadie quiere perderse. Las embarcaciones salen del puerto y buscan su posición mientras, en tierra, miles de personas hacen lo mismo desde playas, miradores y espacios habilitados. El Govern ha establecido 26 zonas oficiales de observación en Balears y las autoridades han preparado un dispositivo extraordinario ante la concentración prevista de personas y embarcaciones. En el mar, la Guardia Civil ha reforzado la vigilancia con el Servicio Marítimo, los GEAS, drones y otras unidades.
Pero desde la cubierta del Galaxie la escena tiene otra dimensión. Las cámaras y los móviles buscan su sitio y se realizan las últimas comprobaciones entre comentarios sobre dónde se verá mejor el Sol. Hay expectación, pero también una extraña calma: todos saben que todavía quedan horas, aunque nadie quiere que se escape ningún detalle.
La Fundació Joves Navegants lleva más de tres décadas utilizando el mar como herramienta educativa. Desde 1992 trabaja para acercar la navegación a los jóvenes como espacio de aprendizaje, inclusión, autonomía y trabajo en equipo. Ahora, con su iniciativa Love the Mediterranean, ha ampliado esa mirada hacia la educación marina, la ciencia, la sensibilización y la protección del Mediterráneo. Sus embarcaciones no son concebidas únicamente como medios de transporte, sino como plataformas para investigar, aprender y actuar sobre el mar. Hoy, sin embargo, el Galaxie tiene una misión mucho más sencilla: navegar hacia el eclipse.
De repente, las amarras se sueltan y el velero comienza a separarse del muelle. Palma va quedando atrás lentamente. Primero desaparece el paseo marítimo, después el perfil de los edificios empieza a alejarse y, delante, la bahía se abre por completo. El ruido de la ciudad se diluye mientras el velero avanza hacia aguas más abiertas. Desde cubierta, la perspectiva cambia por completo: ya no hay calles, terrazas ni tráfico que distraigan. Solo el mar, el horizonte y un Sol ajeno aún a lo que está a punto de suceder.
Sobre las 19.35 horas, tal y como estaba previsto, la Luna comienza a tapar el Sol. Una pequeña porción del satélite empieza a cubrir el disco solar y las doce personas de a bordo levantan la mirada hacia el cielo. Las gafas especiales pasan de mano en mano y las cámaras comienzan a apuntar hacia el horizonte.
La primera mordedura apenas parece suficiente para cambiar una tarde de agosto. Pero, al fin, la espera termina. El eclipse está en marcha.
Balears se encontraba entre los lugares privilegiados de España para contemplar el fenómeno y miles de personas se han repartido durante toda la jornada por Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera. En las playas, las murallas, los acantilados y los paseos marítimos, la gente esperaba equipada con gafas homologadas. En el mar, las embarcaciones habían elegido otra perspectiva.
El eclipse avanza lentamente y con él, también la luz. El Sol seguía dominando el cielo y el Mediterráneo conservaba todavía los colores de la tarde. Pero poco a poco la claridad empezó a perder intensidad. El paisaje se vuelve extraño, difícil de describir: no es todavía noche, pero la calma se cierne sobre la bahía. Los barcos que instantes antes eran simples puntos sobre el horizonte empezaron a destacar sobre el agua.
A bordo, las conversaciones giran alrededor del cielo. Se comprobaron las cámaras, se ajustaron las gafas y se pr