Ultimas Noticias

elDiario.es · IZQUIERDA

IZQUIERDA CALIDAD: B+ CONFIANZA: 45%

'Un verano en Moscardó', por Sergio Galarza

elDiario.es · hace 10 h
En esta serie, elDiario.es explora junto a cuatro escritores qué pasa en las ciudades cuando sus ocupantes se van a vivir eso que llamamos veraneo. El escritor peruano Sergio Galarza escribe desde Lima sobre Madrid, la ciudad a la que está a punto de regresar tras unas breves vacaciones en casa
El verano es la época del año que no se cansa de recordarme que no soy de aquí. A partir de julio los jubilados de mi barrio y muchas familias españolas se evaporan de las calles. No conocí este fenómeno migratorio hasta que no me mudé al barrio Moscardó, en Usera: ellos, los jubilados y esas familias, tienen un pueblo para refugiarse y yo sólo poseo dos aires acondicionados para sobrevivir al calor que sofoca cada año más. En Lima, mi ciudad de origen, los que se evaporan durante el verano son los ricos, porque son casi los únicos con casas de playa. Los jubilados de Moscardó, en cambio, han sido siempre eso que llamaban clase trabajadora. Y, mientras que estos hombres y mujeres llegaron desde las provincias a Madrid el siglo pasado, por motivos económicos, políticos y sociales, yo aterricé el 2005 en la capital con la aspiración de emular, al menos, las aventuras de uno de mis ídolos literarios, Julio Ramón Ribeyro, que apenas vivió una temporada en una corrala de Lavapiés antes de instalarse de por vida en París. Es cierto que también estaba harto de la delincuencia en Lima y de una rutina violenta que los peruanos hemos normalizado, pero fue mi vocación la que despertó las ganas de largarme a una latitud que, aparte de todas las manifestaciones culturales que necesitaba vivir en directo, me ofreciera también la oportunidad de regresar a casa en paz.

Si bien es sencillo aparcar en mi calle porque hay una cuesta para llegar a ella, en verano podría estacionar hasta un tren de Cercanías en la misma. Los que se quedan siempre son los que no tienen a donde ir, o sea la mayoría de inmigrantes, la nueva clase trabajadora de España. Las pocas veces que consigo levantarme antes de las cinco de la mañana para coger un autobús hasta Atocha, y desde allí un tren hacia mi trabajo en Chamartín, compruebo que la España que madruga viene de otros países como yo. Lo usual es que vaya en coche por comodidad, y no apretujado como los demás usuarios del transporte público. Pero estoy pensando que madrugaría más con tal de tener un pueblo en verano, sobre todo por mis hijos. Me han dicho que allí los niños corren libres por las calles y que se inventan toda clase de juegos, lo mismo que hacía yo en Lima, cuando las calles de los barrios pertenecían a los vecinos antes que a los coches que las cruzan a toda velocidad para escapar de la maraña del tráfico limeño. De hecho escribo esto desde el chalé familiar en Los Sauces, mi barrio original, a pocas calles de donde la policía capturó a Abimael Guzmán, el líder del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Estoy de vacaciones pero el verano es muy largo para los padres, aunque en mi caso el calendario oficial existe en una dimensión ajena a mi realidad. Trabajo seis días y descanso cuatro, lo que me impide descansar casi todos los fines de semana y la mayoría de los festivos. Además los controladores de tráfico ferroviario trabajamos a turnos en los CRC (Centro de Regulación y Control): dos días de mañana, dos de tarde y dos de noche. Es un desorden aparente al que uno se adapta. Mis quince días de vacaciones no los gasto en leer los libros que he comprado a lo largo del año, menos en escribir mi próxima historia. Sé que para cumplir esas metas absurdas estaré un par de semanas sin hijos. Igual, lo más seguro es que emplee esos días para hacer arreglos en casa y en el jardín que tenemos delante del portal, pasear en bici por otros barrios cercanos, quedar con los amigos que han regresado o no se han podido ir aún de Madrid, y para ordenar los recuerdos que guardo en un cajón. Porque para mí el verano ha dejado de ser esa estación festiva que se anuncia en los carteles de los festivales de música, para convertirse en un momento de reflexión y de melancolía.

Cuando no tenía hijos elegía mis vacaciones fuera de los meses de verano porque detesto las multitudes y todo me parece más caro con calor. Ahora resulta inevitable pedir julio o agosto. Son las fechas en las que puedo traer a mis mellizos a Perú para que vean a su abuelo y a su tío.

En mi cajón de recuerdos conviven las cart
Leer artículo original WhatsApp
Anuncio Miopinion Miopinion cuenta

0 Opiniones

Anónimo y sin cuenta. Usa los pulgares para votar o Responder para continuar el debate.

Sé el primero en opinar sobre esta noticia.