Narjisse acogió al joven Abselam en su casa en Ceuta y luego viajó a la frontera a comprobar que volvía a salvo
elDiario.es · hace 10 h
“No puedo dejar de evitar ponerme en la piel de todos los jóvenes que han salido de Marruecos”, dice la mujer, que logró entrar a Ceuta cuando tenía 17 años después tras varios intentos y ahora está repartiendo comida en su casa a decenas de jóvenes migrantesUna ONG ceutí denuncia la presión de militares a migrantes para llevarlos en camiones a la frontera: “No son retornos voluntarios”
En el lado marroquí de la frontera, Narjisse sujeta su teléfono móvil mientras graba la entrada de los jóvenes que vuelven al país desde Ceuta. “Estoy esperando al muchacho”, le explica a una amiga que le escribe desde España. Está inquieta. Se acerca a la puerta, vuelve, mira el móvil y levanta la vista otra vez.
El joven al que espera es Abselam. Decidió cruzar a España en la noche del pasado jueves junto a decenas de miles de personas migrantes más. “Lleva días en mi casa: le he dado comida, aseo y ha podido hablar con sus familiares todos los días”, explica la mujer a elDiario.es. Abselam, de 25 años, se marchó de una pequeña localidad de Larache, al sur de Tánger, para buscar una oportunidad laboral en Ceuta y, más tarde, en Europa. “Pero ha decidido volver a casa”, dice Narjisse.
Dos chicas caminan tranquilas de vuelta a Marruecos. Una de ellas carga con una bolsa de una tienda de ropa y, la otra, de un supermercado. Están duchadas, peinadas y llevan los móviles cargados. Una escena que contrasta con las imágenes de jóvenes descalzos, sin camiseta y heridos. “Estas chicas habrán recibido ayuda también. Aunque la gente no lo crea, en Ceuta les estamos ayudando. Les damos de comer, les compramos ropa y todo aquello que necesiten. Somos nosotros quienes estamos ayudándoles, con nuestros propios recursos”, apunta la mujer.
Narjisse está algo nerviosa y, después de más de tres horas esperando, se rinde. “Me ha dicho que tenía pocos datos, quizás está esperando a que le dejen salir”. En ese momento, decenas de jóvenes continuaban apareciendo entre las vallas, sobrepasando la puerta que les da, de nuevo, la bienvenida a casa, entre la alegría y las lágrimas de sus familiares. “Si Dios quiere, me escribirá pronto con buenas noticias”, cuenta al despedirse de elDiario.es.
Unas horas después, el móvil de esta periodista se enciende. “Abselam ya está en casa con su madre y sus hermanos. Te aviso para que te quedes tranquila”, escribe la ceutí.
Narjisse conoce de primera mano lo duro que es atravesar la frontera. Nacida también en Larache, en 1999, y después de cuatro intentos, cruzó a Ceuta irregularmente. Lo hizo tres veces a nado y, finalmente, la última, por tierra, según recuerda. Tenía 17 años. “Yo fui una menor migrante no acompañada (MENA) y no puedo dejar de evitar ponerme en la piel de todos los jóvenes que han salido estos días de Marruecos para venir hasta aquí”, explica, emocionada. Narjisse vivió tres años en la clandestinidad, entre la calle y el centro de menores, hasta que finalmente conoció a Farid, su marido.
“Hay gente que no comprende que hagamos esto”
Al día siguiente, Narjisse barre las calles junto a Jadduya, amiga y vecina del barrio de los Rosales en Ceuta. “No queda pan, así que no nos queda otra que preparar y hornear. Tenemos que seguir como podamos”, explica Jadduya, mientras conduce su coche por la ciudad. Ella, como Narjisse, lleva desde el miércoles asistiendo a cientos de marroquíes que andan por Ceuta. “Están en los aledaños del centro de la ciudad o escondidos en las montañas y en los bosques”, cuenta.
Jadduya aparca el coche cerca de la barriada de El Príncipe y marcha a preguntar a un grupo de jóvenes qué necesitan. “No vamos a parar de ayudar, pero esto debe calmarse pronto”, dice al volver a entrar al coche.
En la puerta de casa de Narjisse y su marido Farid hay una fila de marroquíes que esperan. “Ya vamos, chicos”, les dice la mujer. Al abrir el primer portón de su casa en Los Rosales, una mesa larga con decenas de platos y cucharas está preparada para servir la comida de hoy: una olla grande con potaje. “Ayer preparé macarrones, hoy potaje y mañana haré lentejas”, explica mientras abre la olla.
Por las tardes salgo a repartir merienda, pero intento buscar a las jóvenes y niñas